Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 28 de marzo de 2017

"El monarca de las sombras" Javier Cercas

En "El monarca de las sombras", Javier Cercas sigue con la labor de forense que ya le achaqué en la reseña de su anterior novela, "El impostor", para clavar su bisturí en unos hechos ocurridos durante la guerra civil y que tuvieron como protagonista a un miembro de su familia, un tío abuelo por parte de madre, Manuel Mena. La historia le había venido principalmente a través de su madre, una extremeña trasplantada a Cataluña que nunca llegó a acostumbrarse a que no volvería a vivir a su pueblo. Siempre vivió pensando que aquella vida de emigración y extrañamiento era temporal y es que para la madre de Cercas "la emigración había significado que de un día para otro mi madre dejara de ser una hija privilegiada de una familia patricia en un pueblo extremeño, donde ella lo era todo, para ser poco más que una proletaria o poco menos que una pequeña burguesa abrumada de hijos en una ciudad catalana, donde ella no era nada". Tal vez por eso, dejándose llevar de la nostalgia y los recuerdos, desde pequeño le había contado a Javier la historia de aquel tío paterno, con el que ella había convivido de niña en casa de sus abuelos, y que murió en el Frente del Ebro en septiembre de 1938 a los diecinueve años, convirtiéndose en un héroe recordado por todos en la familia y en el pueblo, porque además tuvo la suerte de morir luchando por el bando vencedor.
Nos cuenta Javier en el "El monarca de las sombras" que él nunca se había planteado escribir nada de aquello, tal vez por la vergüenza del pasado político de su familia, franquistas los maternos y también los paternos; una vergüenza que entiendo perfectamente porque deriva de lo mismo que hacía que yo me sintiera orgullosa de mi ascendencia republicana, también por los cuatro costados; una vergüenza que es posible que hoy no se entienda por parte de gente más joven, pero que está muy clara para los que tenemos una edad y fuimos jóvenes de izquierdas en la temprana transición que sucedió a la muerte del Caudillo de España por la Gracia de Dios. Claro que no todos los jóvenes de aquellos tiempos sintieron esa vergüenza, los había también orgullosos de todo lo contrario.
Pero uno crece y las vergüenzas adolescentes y juveniles se van atenuando (también los orgullos), y uno empieza a asumir su pasado y el de su familia como algo que no tiene valoración ni a favor ni en contra. Es tu pasado, es de donde vienes y no hay para orgullos ni para vergüenzas que bastante tiene uno con asumir los propios como para encima pretender cargar con los de toda la familia o todo el país.  Tal vez eso fue lo que pensó Javier Cercas cuando decidió investigar acerca de aquel familiar perdido entre la bruma y el humo de una guerra y entre los miles de muertos que dejó aquel frente y aquella batalla en la que también perdió la vida Manuel Mena. 
Javier Cercas no pretendía escribir un libro, tan solo llegó un momento en que sintió la necesidad de dar rienda suelta a algo que siempre le había rondado: "siempre quise saber qué clase de hombre era. O qué clase de adolescente, más bien... Siempre quise saber por qué se marchó a la guerra tan joven, por qué luchó con Franco, qué hizo en el frente, cómo murió".
Manuel Mena
Y comienza a adentrarse en la vida de Manuel Mena y en la vida del pueblo de su familia, Ibahernando, en la provincia de Cáceres, en los tiempos de la República y de la Guerra Civil.
Ibahernando era a principios del siglo XX un lugar pobre de gente pobre, siervos de los aristócratas que detentaban la propiedad de las tierras y que vivían en Madrid. Por esa época, algunos de los campesinos arrendaron tierras a los dueños  y pasaron a ser un poco menos pobres. Eso hizo que el pueblo se dividiera entre los que "tenían" tierras y podían dar trabajo al resto, y ese resto que no tenía nada más que el trabajo cuando lo conseguía. Las familias de Cercas, la materna y la paterna, pertenecían a esos campesinos con tierras y tenían los suficientes recursos como para que las semanas previas a la Guerra Civil pillaran a Manuel Mena en Cáceres preparándose para ingresar en la universidad al curso siguiente. Nunca llegaría a hacerlo, pero aquel curso en Cáceres tal vez fuera decisivo para él y comenzara a fraguarse su leyenda, porque es posible que allí fuera atraído por la ideología falangista en nombre de la cual se alistaría como voluntario unos meses después, concretamente el 6 de octubre de 1936; tal vez en Cáceres "hubiera podido ser atraído [...] por el idealismo romántico y antiliberal, la radicalidad juvenil, el vitalismo irracionalista y el entusiasmo por los liderazgos carismáticos y los poderes fuertes de aquella ideología de moda en toda Europa".
Pero como es habitual en los libros de Javier Cercas, a la vez que nos narra la trama central del libro, en este caso la vida y muerte de Manuel Mena, nos va contando los pormenores de su investigación, de cómo se va gestando la historia y se van descubriendo detalles, de sus entrevistas con familiares, amigos, y demás gente que pueda tener el más mínimo dato que pueda unir pieza más al puzzle que se está construyendo. Aquí es donde la novela-ensayo-biografía del autor adquiere tintes de novela policíaca porque Javier Cercas sabe hacer que la búsqueda de las personas, documentos y cualquiera de los detalles de su investigación, se nos presente como algo intrigante, de una manera que nos engancha y nos hacemos cómplices de sus pesquisas y estamos expectantes de sus resultados.
Los capítulos se van alternando, y si en los pares se nos cuenta la historia de Manuel Mena, Historia reciente de España, en los impares se nos cuenta la historia de una investigación llevada a cabo por un hombre que es escritor y que quiere saber más acerca de sus antepasados y del pueblo del que procede lo que significa querer saber algo más acerca de sí mismo. En su labor de detective de su propia historia se verá ayudado por el director de cine David Trueba, autor de la adaptación a la pantalla de su novela "Soldados de Salamina". "¿De verdad vas a escribir otra novela sobre la guerra civil? Pero ¿tú eres gilipollas o qué?", así le responde el director cuando, en noviembre de 2012, el escritor le pide que le acompañe a Ibahernando para grabar en vídeo una entrevista al que quizás es el último testigo de la infancia de Manuel Mena. Y no obstante será Trueba quien, finalmente, tenga mucho que ver en la decisión de Cercas de escribir un libro con todo lo descubierto.
Y es que lo descubierto por el escritor se aleja de la leyenda transmitida por su madre. Manuel Mena no tuvo una  Kalos thanatos, una bella muerte como la llamaban los griegos, una "muerte perfecta que culmina una vida perfecta" al igual que Aquiles en la Ilíada; no murió en la guerra gloriosa pintada por Velazquez. La muerte de Manuel fue la muerte que Aquiles le relata a Ulises en la Odisea; fue una muerte en la guerra sucia y negra y miserable pintada por Goya. La muerte de Manuel fue, tal vez, la muerte de todos los héroes de guerra si les diéramos la oportunidad de relatárnosla y descubriéramos que sólo en el imaginario de los que les sobreviven existen los héroes; que todos ellos terminan deplorando su muerte y sus heroicidades, que todos ellos terminan viendo en su guerra la guerra sucia y negra y miserable que Goya pintó en "Los fusilamientos del 3 de mayo", o "Los desastres de la guerra" y no la guerra gloriosa que Velázquez pintó en "La rendición de Breda".
Manuel Mena se había equivocado de causa y nadie puede sentirse superior a él le hace ver David Trueba a Javier Cercas. Además, otra cosa que acaba viendo el escritor es que "la historia de Manuel Mena era la historia de un vencedor aparente y un perdedor real; Manuel Mena había perdido la guerra tres veces: la primera, porque lo había perdido todo en la guerra, incluida la vida; la segunda, porque lo había perdido todo por una causa que no era la suya sino la de otros, porque en la guerra no había defendido sus propios intereses sino los intereses de otros; la tercera, porque lo había perdido todo por una mala causa".
Javier Cercas
Finalmente el autor decide escribir "El monarca de las sombras" porque no encuentra otra forma de decirle a su madre lo que ha descubierto; porque no quiere que la historia que quede vigente sea, al final, la que ha escrito la leyenda, la que le ha contado su madre. Quiere sobreescribir la historia sobre la historia escrita por los vencedores y, me imagino, liquidar cuentas con la equivocación de su familia a la hora de escoger el bando por el que luchar. Porque Javier Cercas está convencido de que su familia se equivocó de bando y "no solo porque la República tenía razón (se la daban las urnas), sino porque era la única que podía defender sus intereses" de siervos con tierras, pero siervos al fin sometidos a los verdaderos dueños y señores de esas tierras.
Una novela interesante, muy bien escrita, como no podía ser de otra manera, y con un planteamiento que nos enfrenta a hermosas reflexiones acerca de la vida y la muerte y la forma de llevarlas a cabo. Solo una pega le pongo: creo que el autor se recrea en exceso en algunas batallas que describe en sus más mínimos detalles. Aunque ni siquiera pueda ser una pega más que para mí y gente que, como yo, no sea muy amante de películas y novelas bélicas. He de confesar que me he saltado alguna página en que se describían este tipo de escenas, pero no obstante, me alegro de haberla leído. No me podría perdonar haberme perdido todo lo que nos cuenta y, sobre todo, no me perdonaría haberme perdido el maravilloso relato de Danilo Kiš que David Trueba le cuenta a Cercas; ese que termina "«La historia la escriben los vencedores. La gente cuenta leyendas. Los literatos fantasean. Sólo la muerte es segura»".




sábado, 25 de marzo de 2017

La luz del tren

La entrada del blog de Carmen Pinedo "El viaje de Marta Zamarska", está, en gran medida dedicada a los trenes. Me ha conmovido especialmente porque mi padre fue maquinista de RENFE y como nunca quiso comprar coche (decía siempre que ya conducía bastante) y los viajes en tren nos salían gratis, son muchas las horas que me he pasado viendo deslizarse el mundo por la ventanilla de un tren en marcha. Es por eso por lo que decidí robarle una de las pinturas de Marta Zamarska a Carmen y hacer mi propio relato inspirado en ella.

"Vías de tren" Marta Zamarska

La luz del tren ya se ve a lo lejos. No tardará en llegar ni un minuto. Un minuto que pasaré recordando otros trenes y otros viajes, tantos ya. Los primeros con mi madre y hermana y abuelos (mi padre trabajaba en verano y solo venía en los descansos) a pasar unos días de vacaciones en algún apartamento alquilado o en alguna casa de pensión "con derecho a cocina". Siempre al lado del mar.
Más tarde, los viajes en solitario, ilusionados a la ida y melancólicos y ansiosos del paso de la semana a la vuelta, cuando visitaba a mi chico que hacía la mili en una provincia cercana. 
Luego llegaron los viajes a y desde mi lugar de trabajo. Tardes de viernes alegres y madrugadas de lunes pesadas y perezosas pasadas en un tren, leyendo o intentando dormir.
Ahora estoy aquí, en mi coche, con el que traicioné a los trenes de mi vida y por lo que, tal vez, se disponen a vengarse. 
Ya está aquí. Su luz se agranda y lo cubre todo, el sonido de su bocina se superpone a cualquier otro sonido. 
Las ruedas quedaron atrapadas en los raíles cuando intenté cruzar el paso a nivel demasiado deprisa, demasiado justo. El tirón que sufrió el coche al detenerse, debió de atascar la hebilla de mi cinturón de seguridad o los nervios y la falta de tiempo debieron de atascar mis dedos temblorosos.
El tren ya está aquí y la hebilla se resbala entre mis manos...


jueves, 23 de marzo de 2017

"Todo ese fuego" Ángeles Caso

Tras leer Shirley para una tertulia en facebook, sentí la necesidad de releer los dos libros Brontë que leí hace años, "Jane Eyre" y "Cumbres borrascosas", y de leer por primera vez las dos novelas de Anne Brotë, "Agnes Grey" y "La inquilina de Wildfell Hall" así como las dos que me quedan de Charlottte Brontë "Villette" y "El profesor". Además, ya metida en mi particular "mundo Brontë", decidí sacar del fondo de la lista de pendientes este libro de Ángeles Caso que me habían regalado en las navidades de 2015 y que en su momento me dio pereza leer y fue quedando relegado por lecturas más urgentes que le tomaron la delantera. "Todo ese fuego" es una historia novelada de las tres hermanas Brontë y de paso de toda la familia Brontë
La novela tiene una curiosa estructura. La primera parte se llama "16 de Julio de 1846, en la casa rectoral de Haworth, Inglaterra". La segunda se llama, sin más, "Después". Durante la primera parte, vemos a las tres hermanas, durante la mencionada jornada del verano de 1846, empleando la mañana en sus tareas de cada día (la plancha, la cocina, la limpieza, la compra) y dando un largo paseo; empleando la tarde en la escritura de las novelas que por aquella época las tenían ocupadas. Cada una de ella está escribiendo una novela basada en experiencias cercanas, vividas por ellas mismas o sacadas de relatos o leyendas oídas en la infancia: Charlotte y Anne, que han trabajado como institutrices, escriben "Jane Eyre" y "Agnes Grey" respectivamente. A Charlotte "todo lo que había vivido durante aquellos años le estaba sirviendo para construir el espíritu de Jane y de muchas de las otras figuras que aparecían en sus páginas", mientras que Anne, cuyo amor por un coadjutor de su padre, William Weightman, se había truncado tras la muerte del joven, había hecho a Agnes Grey institutriz como ella e hija de de un reverendo, pero "al mismo tiempo, le estaba regalando lo que ella no había podido vivir, el amor afortunado". Por su parte, Emily, que dada su enfermiza timidez nunca había trabajado fuera de casa, se basa en una historia oída en su infancia y, tal vez, en su amistad con Robert Clayton, una amistad frustrada también por la muerte, aunque antes lo había sido por el reverendo al ser el muchacho hijo de un obrero pobre.
A lo largo de toda la primera parte, se nos narra lo acontecido durante esa fecha de julio de 1846, pero los viajes al pasado son continuos y las actividades de las hermanas se ven interrumpidas por el relato de lo que ha ocurrido en la familia desde antes de nacer ellas. Asistimos a la muerte de la madre cuando Anne es aún un bebé. Los seis niños y el padre quedan al cuidado de una hermana de la madre que abandona su placentera vida en la costa de Cornualles para entregarse a "la nieve y los vendavales que asolan los páramos de Yorkshire". Elizabeth Branwell vivirá con su cuñado y sobrinos hasta su muerte, hará el papel de madre y colaborará económicamente al mantenimiento de la casa. 
Debido al talante liberal del padre y a su deseo de que sus hijos fueran por igual cultos, las tres hermanas tuvieron desde pequeñas, junto a su hermano, profesores, acceso a todo tipo de lecturas lecturas y al estudio de las lenguas. Lo que hizo que la cultura de las hermanas estuviera muy por encima de la media en cualquier mujer de su medio social.
El retrato pintado
por Branwell
Los cuatro hermanos supervivientes tenían ambiciones literarias desde muy jóvenes. Escribían poesía, campo en el que destacaba Emily, así como historias de aventuras fantásticas para las que crearon los reinos de Angria y de Northangerland. Además pintaban, sobre todo Branwell, el hermano. En el despacho del reverendo colgaba un retrato de las tres hermanas hecho por él. En principio él también figuraba en el retrato, pero luego se arrepintió y decidió taparse con una especie de mancha amarilla no muy acertada, desde mi punto de vista.
Durante aquel día, mientras ansiaban terminar sus tareas domésticas para poder, por fin enfrascarse cada una en su novela, Charlotte piensa en lo distinto que sería todo si el escritor fuera su hermano, cómo "se encerraría en su habitación y a todos se nos impondría el silencio, la absoluta exigencia de no molestarle. Le prepararíamos la comida y se la llevaríamos allí, golpeando suavemente la puerta para no interrumpirle en medio de una frase grandiosa. Caminaríamos de puntillas, Emily cerraría el piano hasta que él acabase su obra, no dejaríamos ladrar a los perros ni tronar a las tormentas". Pero Brandwell no escribe, ni pinta, ni nada. Brandwell pasa las noches en la taberna anestesiado con los vapores del alcohol, el opio y el láudano, sin saber si su fracaso como artista le había llevado a las drogas o las drogas y la cobardía y el miedo a no dar la talla le habían hecho fracasar como artista. Ahora vive con su padre y hermanas en la casa rectoral de la que sale por la noche para regresar de madrugada con la salud cada vez un poco más maltrecha.
La segunda parte ocupa muy poco espacio en el libro, unas veinte de las ciento veintisiete que tiene mi versión digital. Es lo que sucede después de aquel día de julio. Es la publicación de sus novelas con los seudónimos de Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton (Anne) Bell, seudónimos ambiguos en cuanto al sexo que los lleva y que ya habían utilizado para publicar un libro de poemas que gozó de cierto prestigio. Es el éxito inmediato Charlotte con "Jane Eyre", no así el de Emily y Anne con "Cumbres borrascosas" y "Agnes Grey". Es la decisión de escribir otra novela de Charlotte y Anne y la de no escribir ninguna más de Emily. 
Y es la vida precipitándose de nuevo sobre la familia en forma de muerte que es una de las formas preferidas de la vida para precipitarse y arrasar con todo y demostrar que ella siempre hace las cosas a su manera y gana siempre la partida, y es que la muerte no es lo contrario de la vida, la muerte es la misma vida disfrazada y "la muerte vivía en la rectoral de Haworth como uno más, con su presencia rotunda e implacable, pero era como un pariente indeseable del que nunca se habla".
Ángeles Caso
No se trata de una biografía, sino de una novela basada en la vida de las hermanas Brontë. No todo lo que se cuenta es estrictamente cierto. No lo son diálogos y situaciones, por supuesto, pero tampoco lo son todos los hechos. Ángeles Caso añade un apéndice donde aclara las partes que podrían haber sucedido aunque no haya constancia de ello. Así sucede con los presuntos amores de Anne por William Weightman o de Emily por Robert Clayton de los que la autora dice "la relación entre una joven Anne y William Weightman, el coadjutor de su padre, es más que probable" o "la posible conexión entre Emily y Robert Clayton es más dudosa, pero en absoluto imposible"
Entiendo que se inventen diálogos y algunos hechos menores, pero inventar hechos tan importantes como los amores que pudieron inspirar las novelas de las autoras, me parece que no es acertado en una biografía, aunque esté escrita en forma de novela. Yo hubiera preferido que todos los hechos fueran verídicos y contrastados, pero es problema mío... o, tal vez no; tal vez es problema de que, por muy novelada que esté una biografía, una se acerca a ella queriendo saber datos verídicos, sobre todo si se trata de la vida de personas concretas, que vivieron hace menos de dos siglos y por ello no hay demasiada deificultad en obrener datos suficientes como para varias novelas.
¿Me ha gustado la obra? Pues siendo sincera diré que sí. De hecho, me ha tenido enganchada porque cuenta datos muy interesantes y porque yo sabía pocas cosas en detalle de la vida de estas escritoras y, la verdad es una vida que da para una o varias novelas, simpre que no les pidamos mucha verosimilitud porque la vida de esta familia es todo menos verosímil (como siempre digo, lujos que se puede permitir la reralidad). Pero si soy sincera, también diré que no, porque como novela flojea bastante, vamos que si no fuera porque trata de personas reales y no estuviera yo interesada en las hermanas Brontë, esta historia no hubiera sido capaz de mantenerme a su lado. Es posible que la hubiera abandonado porque le falta emoción, al menos a mí no me la produce; le sobra un tanto de caos cronológico porque aunque no sea yo para nada defensora de la linealidad en la narración, sí lo soy de cierto orden que haga que no me desoriente, y aquí no lo he encontrado; le falta, por fin, fidelidad a los hechos, no a las compras que hicieron la mañana del 16 de julio de 1846 o lo que comieron o las conversaciónes que mantuvieron; hasta ahí admito la libertad del escritor, pero si inventa amores para cuadrar las inspiraciones, por mucho que "bien pudiera haber sido", me siento un poco engañada. Dicho esto, respeto la libertad de la autora, pues, como bien dice, "para mí la novela es el territorio de la libertad", y agradezco ese apéndice que me derja las cosas más claras y me evita confusiones, pero es lo que opino, también en el territorio de la libertad de una novela que no me ha dejado satisfecha, sino más bien, informada pero fría.


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