Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 15 de febrero de 2018

"Bexonte, la aldea sin cobertura" Alicia Lakatos Alonso

Aunque nos parezca mentira, aun hay lugares a los que no llega internet ni hay cobertura para los teléfonos móviles. En esos lugares no existe google, ni facebook, ni twitter, ni Whatsapp, pero en esos lugares vive gente. Y esa gente es como el resto. No tienen antenas ni son verdes. Son como todo el mundo, con las mismas necesidades y los mismo deseos y sentimientos. Bueno, esto no es del todo cierto. No tienen las mismas necesidades porque nadie se las ha creado artificialmente (al menos las tecnológicas) para tenerlos prisioneros de un mercado insaciable; no tienen los mismos deseos porque no mueren por un like ni matan por un + o por un me gusta; no tienen los mismos sentimientos, porque no sienten a golpe de  frivolidad ni de cuatro frases que, casi sin pensar, se escriben y se envían en tres segundos con el valor que tiene lo que se siente sin corazón, se escribe sin reflexión,  y se envía con mucha prisa para pasar a otra historia y poder mandar otra cosa tan poco sentida como la primera.
Bexonte es uno de estos lugares, una aldea donde si quieres hablar con el móvil tienes que ir a "un sitio donde creo que casi siempre se oye [...] Pasado el cementerio, en la roca rota que está subiendo la cuesta a la derecha". Y a Bexonte, una aldea gallega perdida entre las montañas de Ourense, llega Paula con la idea de solucionar el asunto familiar que allí la ha llevado y regresar a Barcelona. Aún no ha tomado el desvío que lleva a Bexonte tras otros siete kilómetros de conducción y ya está deseando desandar el camino y volver a su vida y a su trabajo de abogada. Pero no puede hacerlo. 
En la aldea vive su abuela Balbina y Neves, su tía especial. Allí pasaba ella los veranos con sus padres y sus hermanos hasta que murió el bisabuelo y ya no volvieron. Toda una historia de maltrato y desapego sufrida por su madre, hace que Paula no tenga ningún deseo de visitar el lugar ni a su abuela, una mujer fría y dominante a la que odia. Pero esa mujer ha avisado de que tiene algo que comunicar a sus nietos de Barcelona y a Paula le ha tocado hacer el viaje para enterarse de qué es ese secreto que a ella la incomoda, pero en el que sus hermanos tienen puestas sus esperanzas de futuro para ellos y sus hijos. 
La llegada de Paula a Bexonte no presagia nada bueno. La lluvia le resta visibilidad hasta  no saber por dónde va la carretera, hasta no poder distinguir si aún no ha llegado al pueblo o ya ha salido de él, y es que "las tormentas profundas de la Galicia profunda son demasiado profundas hasta para los que han nacido con ellas". La lluvia incesante hará que sus planes de volver inmediatamente a Barcelona se vean truncados y que tenga que permanecer en la aldea muchos más días de los que hubiera deseado. Pero el encuentro con los escenarios de sus vacaciones infantiles le devolverá sensaciones y gentes que tenía olvidados. 
Descubrirá a su tía especial, Neves, la hermana gemela de su madre que, con sesenta años tiene la mente de una niña de cinco, pero también la ingenuidad y la inocencia que eso significa. Neves la confunde con Blanca, su hermana y madre de Paula, que se fue un día de casa y la dejó abandonada y en manos de una madre cruel y desatenta. Ahora que la ha recuperado, piensa, no volverá a dejar que se marche de nuevo. Y Paula descubrirá que la enfermedad de su tía no es de nacimiento, que nació siendo una niña tan lista y normal como Blanca, su propia madre.
Recuperará a Rosa, su mejor amiga de los veranos. Rosa es una auténtica aldeana que nunca ha salido de Bexonte, pero a pesar de eso Paula descubrirá una complicidad con ella que le cuesta mucho tener con gente de vida más afín e intereses más parejos. Empieza sintiendo lástima por su vida limitada, su falta de amor, su desconocimiento del sexo...
"-¿Qué ha sido de tu vida, Rosa?
-¿Qué vida, Paula? ¿Qué vida?"
para terminar envidiándola, porque a medida que pasan los días se va encontrando más a gusto en la aldea; le va dando más pereza volver al tumulto y a las obligaciones que impone la vida en Barcelona, y cuando, finalmente, llega el momento del regreso, la situación ha cambiado tanto y han sucedido tantas cosas que Rosa es precisamente la persona por la que le gustaría cambiarse para permanecer en Bexonte y sumergirse en su monótono, pero tranquilo y previsible tedio.
No se trata de una novela de esas que caen en el típico menosprecio de corte y alabanza de aldea. Bexonte no es el paraíso. Allí se esconden sombras en las relaciones personales, como en todos los lugares. Suspicacias y envidias están por todas partes, más, si cabe, puesto que el ser pocos y conocerse demasiado permite que los recelos y los rencores se cuezan a fuego lento, atraviesen las generaciones y se hereden junto a las casas y las fincas. Bexonte no es el paraíso, pero a veces el purgatorio es el lugar más indicado para huir del tumulto y descansar del cielo por un rato. O por unos meses. 
Paula también recuperará el pasado y recuperará la historia porque los hechos tienden a repetirse de manera incomprensible. Y en esa repetición de los hechos, encontrará el amor y, como los hechos se repiten, tal vez tenga que renunciar a él. 
Alicia Lakatos Alonso
El secreto que su abuela quería transmitirle resultará un regalo envenenado; le servirá para saber la verdad acerca de muchas cosas, pero la dejará en posesión de unos conocimientos que tendrá que decidir con quién comparte y cómo. Tendrá que decidir cómo gestiona el pasado de sus padres, ya muertos los dos, a raíz de los nuevos hechos que ahora ha conocido y deberá valorar lo que ganan o pierden los demás según ella se decida a hablar o decida mantener el secreto. ¿Pero realmente depende solo de ella? ¿Tiene derecho a ocultar lo que sabe? ¿Beneficiará o perjudicará a las vidas ajenas seguir en la ignorancia? Paula llegó al pueblo con la angustia de enfrentarse a una abuela a la que odiaba por el mal trato al que sometió a su madre. Cuando, por fin se cumpla su sueño de regresar a su vida y a su mundo y volver a sepultar Bexonte en lo más profundo del olvido, se encontrará con que tampoco Bexonte es tan malo, tal vez tiene cosas buenas y la noche anterior a su partida hubiera dado cualquier cosa por poder seguir allí un tiempo más.
De Alicia Lakatos, ya leí hace unos meses "El cascabel", una novela en la que los protagonistas son Capi y Maiá, dos perros que nos van contando las peripecias de la familia en la que viven y las suyas propias. Esta novela era la continuación de "Capi y Maiá" donde comenzaba la historia de la familia y de los perritos. No son novelas infantiles. Se escapan a los intereses y a lo adecuado para niños aunque las puedan leer muy a gusto los adolescentes. Yo, que no soy nada amiga de la literatura juvenil (lo fui en mi juventud, claro, pero ahora creo que ya no me encaja muy bien, por algo es juvenil), leí "El cascabel" y la disfruté. No obstante, tengo que reconocer que prefiero que los protagonistas de las novelas sean más humanos y caminen sobre dos patas, por eso, cuando Alicia me regaló "Bexonte..." estaba casi segura de que la iba a disfrutar aún más. Así ha sido y por ello le doy las gracias y le deseo el mayor éxito con esta novela.



lunes, 12 de febrero de 2018

"Perfectos desconocidos" Alex de la Iglesia

Con Alex de la Iglesia tengo una relación amor/odio que se remonta a los orígenes de su cine. No soporto películas como "Acción mutante" o "El día de la bestia". He intentado verlas (a mi marido le gustan y me ha insistido alguna vez), pero me producen un aburrimiento mortal. Me encanta, como a casi todo el mundo, "La comunidad", y también "Crimen ferpecto" y "800 balas". Hay muchas de sus películas que no he visto. Empecé a ver "Balada triste de trompeta" y era tal el ruido que salía de mi televisor que salí corriendo hacia la tranquilidad y el silencio de mi cama y mi libro.
Y ahora viene "Perfectos desconocidos" y no me queda otro remedio que quitarme el sombrero y decir "chapeau, maestro". Y es que me gusten o no me gusten algunas sus películas; me aturdan o no algunos de sus ambientes; me parezcan una patochada o una sesuda reflexión sus argumentos, lo que no se puede negar es que Alex de la Iglesia sabe hacer cine, sabe contar historias y maneja el medio con soltura y naturalidad, pero...
Es esta además una de esas historias que me encantan; de las que yo llamo "de reunión", es decir, una reunión de amigos o familiares donde poco a poco va saliendo de todo. Comienzan en buen tono y armonía, pero a medida que avanza el tiempo y las mentes se caldean con el vino y la charla surgen los rencores, las deudas sin cobrar, las envidias, los complejos... y acaba aquello como el rosario de la aurora (que alguna vez me gustaría que alguien me contara cómo acabó). 
Ya hablé de este tipo de cine en mi reseña de "Felices 140" de Gracia Querejeta. Allí decía "no me importa si no son originales estos temas. Me entusiasman, me dejan pendiente de cada palabra que se dice, de cada gesto que se oculta. Me basta con que estén bien contados y bien interpretados". Sigo diciendo lo mismo, pero es que además esta película aporta su propio punto de originalidad, porque el tema que desencadena el conflicto es el de la indiscreción que suponen los teléfonos móviles en cuya memoria queda todo grabado en sms, correos, whatsapp, imágenes y demás chivatos escondidos entre sus circuitos.
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a dejar nuestro móvil en manos de nuestra pareja para que lo fisgonee a su gusto? ¿Quién puede decir que en su móvil no se esconde absolutamente nada que desee ocultar a alguien? En principio a muchos nos parecerá que ese es nuestro caso. Somos fieles a nuestra pareja y no tenemos mensajes comprometedores... hasta que recordamos aquel día en que hablando con un amigo dijimos algo no muy favorecedor de otro,  pusimos a caldo a la suegra, criticamos a conciencia al cuñado y hasta fuimos poco amables con cierto comportamiento de nuestro chico/a. ¿Dejaríamos tranquilamente que el amigo, la suegra, el cuñado o la pareja leyeran esos comentarios?

Alex de la Iglesia con los actores en el escenario en que se desarrolla la casi
totalidad de la película.

En la película la cosa es aún peor porque todos tienen algo que ocultar. Algunos guardan secretos realmente graves, otros, detalles de esos que, sin tener importancia, es mejor que no se sepan. ¿Qué sucede entonces cuando es imposible mantener la privacidad del aparatito? ¿Cuando alguien te reta a dejar el teléfono abierto en medio de la mesa para que todos lean los mensajes que entren o escuchen la conversación que se mantiene? 
Ese es el planteamiento de la película. Cuatro parejas se han citado para cenar en casa de una de ellas. Todos se conocen desde hace años con dos excepciones.Una es Blanca, que tan solo lleva un año casada con Eduardo y se siente un poco fuera de lugar y con complejo de recién llegada al grupo. La otra es la nueva novia de Pepe que es quien más expectación crea porque nadie la conoce aún y todos se preguntan cómo puede ser la mujer capaz de enamorarse de Pepe.
Comienza la cena en un ambiente un tanto onírico. Se avecina una luna de sangre con eclipse incluido; una luna enorme que, por momentos, se va tiñendo de rojo a medida que la noche avanza y la tensión aumenta. Una luna que veremos en los pocos momentos en que se nos saca del comedor y se nos sitúa en la enorme terraza del maravilloso ático en que viven Alfonso y Eva, los anfitriones.

Edourad Fernández (Alfonso) y Belén Rueda (Eva)

Cuando Blanca propone dejar todos los móviles en el centro de la mesa, las reticencias disimuladas como bromas; las bromas que esconden verdadero terror por lo que pueda pasar; el tener que responder al reto para no parecer culpable; todo ello se mezcla en el centro de la mesa junto con los siete dispositivos que, con aspecto inocente, constituyen un arma letal para amores y amistades.
Según van llegando los mensajes y las llamadas vamos conociendo los secretos de cada uno y cada uno va mostrando su personalidad oculta a la vez que se van manifestando las grietas que amenazan la relación entre los amigos y los resentimientos de años. Las que amenazan a las parejas se van viendo mucho antes, pero lo que los móviles ponen de manifiesto termina resultando el final para alguna y la salvación de alguna otra. 
Y es que las nuevas tecnologías han cambiado, si no las relaciones, sí la manera de relacionarse. Antes era más fácil mantener parcelas de privacidad. Cada uno estaba más "protegido" de las infidelidades de la pareja o las traiciones de los amigos. Antes se dependía de muchos factores que podían dejarte al descubierto. Ahora, a todos ellos que ahí siguen para dejarnos en evidencia, se unen los mensajes del whatsapp (con foto o sin foto) para dejarnos con el culo al aire, a poco que nos descuidemos.

Juana Acosta (Ana) y Ernesto Alterio (Antonio)

Se trata de una película muy teatral, que transcurre en su mayor parte en el comedor, excepto unas pocas escenas que se trasladan a la terraza, una comedia en la que toda la importancia está en los diálogos y, lógicamente, en la interpretación. 
El reparto está hecho a base de actores demasiado conocidos. Poco que objetar porque me gustan todos y están estupendos, como acostumbran, aunque a veces se agradece la frescura que supone ver a actores desconocidos. El que más me ha gustado, Edouard Fernández; su naturalidad me conquista en cada ocasión. El que menos, Ernesto Alterio; está gracioso, pero últimamente tiene unos tics que siempre son los mismos y no sé de dónde le vienen, pero creo que antes, hace mucho, no los tenía. 

Dafne Fernández (Blanca) y Eduardo Noriega (Eduardo)

Me ha sorprendido Juana Acosta con su gran naturalidad. La manera en que se le va notando la ebriedad, a medida que la ingesta de vino se incrementa, está tan lograda que una creería que realmente, se ha ido achispando poco a poco para interpretar las escenas. 
Creo que me había dejado un pero por el camino. Volvamos a él. La película es un remake de otra italiana, "Perfetti sconosciuti", del director Paolo Genovese.. Yo pensaba (culpa mía por entero; nadie me dijo que así fuera) que esta película italiana tenía ya unos cuantos años y que era anterior a la explosión y el auge del smartphone; me había hecho a la idea  de que en ella la trama estaba ocasionada por algo distinto al uso del móvil y su relación con la privacidad de las personas, pero he aquí que empiezo a indagar un poco para escribir esta reseña (año de estreno de la película original, un poco del argumento...) y me encuentro que la película italiana es de 2016, estrenada en España en 2017, y descubro que también está todo provocado por la idea de dejar los móviles sobre la mesa y compartir en vivo y en directo (y en abierto) todo lo que a cada uno le vaya entrando. Luego ya no es una interpretación distinta de la historia que da lugar a la película italiana, es la misma película con otros actores y en castellano.

Pepón Nieto (Pepe)

No he visto "Perfetti sconosciuti", aunque la veré. No sé si es mejor o peor que la versión de Alex de la Iglesia, pero tras saber de ella lo que ahora sé, me vuelvo a poner el sombrero y retiro lo de "chapeau, maestro". No es que "Perfectos desconocidos" me guste menos ahora que antes, es que ahora no le veo el sentido, ni la necesidad, ni la más mínima originalidad. 
Hace ya mucho que se habla de la cantidad de adaptaciones cinematográficas que se basan en novelas, y se acusa al mundo del cine, y más concretamente a directores y guionistas, de estar perdiendo la capacidad de parir ideas originales. Pero hacer una película que, por las fotos de escenas que he visto, es casi  una copia perfecta de otra estrenada hace menos de dos años, me parece que el único sentido que puede tener es el comercial. 
Sigo indagando y por fin lo entiendo. Pocos meses después de su estreno en Italia, la comedia de Paolo Genovese ya había recaudado unos veinte millones de dólares. Demasiada tentación. Tele 5 compró los derechos y contrató a Alex de la Iglesia para dirigir la cinta. La película es un encargo y poco hay que añadir.
Alex de la Iglesia ha hecho una película buena, que me ha gustado mucho, pero... me hubiera parecido mucho más digna de alabanza de haber sido original o, al menos, de haber aportado algo de originalidad cosa que, a falta de ver la película italiana y juzgando solo por sinopsis y escenas, creo que no se da.
Aquí dejo dos escenas de cada película (arriba la italiana y abajo la española) para que podáis juzgar. 





viernes, 9 de febrero de 2018

"4 3 2 1" Paul Auster

Paul Auster (junto a Philip Roth y John Irving) fue el autor que me puso, hace ya muchos años, en la pista de la maravillosa novela norteamericana que se estaba escribiendo en aquel momento y que yo tenía un poco abandonada en beneficio de la europea en general y de la española en particular. Antes había leído a los clásicos, Scott Fitgerald, William Faulkner John Steimbeck, por poner ejemplos que me vienen ahora a la cabeza (nunca he llegado a pillarle el punto a Ernest Hemingway).
"Leviatán", "La mancha humana" y "Una mujer difícil" fueron las tres novelas respectivas de esos tres autores que lograron adentrarme en la novela estadounidense; en el cine ya lo estaba desde hacía mucho tiempo. Después vendrían Richard Ford, Richard Russo, Joyce Carol Oates, Marilynne Robinson, Richard Yates, Michael Cunningham... por nombrar solo algunos de los que más he leído y más me gustan. Pero esos tres seguirán siendo los que me abrieron las enormes y suntuosas puertas de la literatura norteamericana actual.
De Paul Auster, después de aquel "Leviatán" que tanto me sorprendió y cuya relectura tengo pendiente desde hace tiempo, leí casi todo. Desde luego, todas sus novelas, pero también muchos de sus libros de relatos y los autobiográficos. Aún no ha aparecido en mi blog porque hace mucho que no publica nada y hace mucho, por lo tanto, que nada he leído de él. Han pasado siete años desde su última novela, "Sunset Park", y ahora el autor se reencuentra con sus lectores con un libro de cerca de mil páginas y una historia que encierra varias a la vez. 
"Según la leyenda familiar, el abuelo de Ferguson salió a pie de Minsk, su ciudad natal, con cien rublos cosidos en el forro de la chaqueta, y pasando por Varsovia y Berlín viajó en dirección oeste hasta Hamburgo, donde sacó billete en un buque llamado The Empress of China, que cruzó el Atlántico entre agitadas tormentas invernales y entró en el puerto de Nueva York el primer día del siglo XX"
Pero el abuelo, que todavía no era abuelo y tenía diecinueve años, no se llamaba Ferguson, como ya hemos podido imaginar teniendo en cuenta que venía de Minsk. El abuelo era judío y se llamaba  Isaac Reznikoff. Alguien le recomendó cambiar el apellido por otro menos complicado antes de que el agente de inmigración de la isla de Ellis le tomara los datos. Ese alguien también le recomendó que dijera que se llamaba Rockefeller, una forma segura de no equivocarse. Muchos años después su nieto Archie se preguntará cómo habría sido su vida si su abuelo se hubiera declarado un Rockefeller, en lugar de contestar en yidis "Ikh hob fargessen! (¡Se me ha olvidado!)" cuando fue preguntado por su nombre, lo que llevó al agente a escribir lo que buenamente entendió, y es que si Isaac no tenía aún ni idea de inglés el 1 de enero de 1900, el funcionario que le atendió en la isla de Ellis no tenía, y seguramente nunca tendría, idea de yidis. De manera que entró en Nueva York con el sonoro nombre de Ichabod Ferguson.


Inmigrantes en Ellis Island, 1892 - Foto: Wiki Commons

No sabemos cómo hubiera sido la vida de Archie de haber sido otro el nombre con el que su abuelo entró en Nueva York y comenzó la dinastía, pero Archie (Archibald) Isaac Ferguson no puede quejarse de no haber tenido oportunidades de vidas distintas. Cuatro nada menos le ha dado Paul Auster en esta novela. Cuatro historias para Archie Ferguson, el nieto de Ichabod Ferguson y el hijo de Stanley, el pequeño de los tres niños Ferguson que Ichabod y su mujer, Fanny, de soltera Grossman, tuvieron en Estados Unidos.
Archie fue el hijo un poco tardío y casi desesperado de Stanley Ferguson y Rose Adler, hija también de padres inmigrantes  (padre y madre procedían de Varsovia y Odesa, respectivamente, y de allí habían salido cuando contaban tres años aunque no se conocerían hasta coincidir en Nueva York). Archie nacería el 3 de marzo de 1947, casi tres años después de la boda de sus padres, después de tres abortos y dejando a su madre incapacitada para tener más hijos. Hasta ahí la primera parte de la novela. A partir de ese momento, se abre como una flor de cuatro pétalos y cada uno comienza a despedir su aroma particular.
¿Qué es lo que puede hacer que una persona viva de una forma u otra? Muchas veces nos hemos preguntado qué hubiera pasado si en vez de esto, hubiéramos hecho aquello; si hubiera estudiado otra carrera; si no hubiera ido a aquella fiesta; si no hubiera cogido aquel avión; si hubiera hecho aquel viaje... Nos imaginamos vidas sumamente distintas y, sin embargo, puede que no lo fueran tanto. Puede que en nuestra vida influya más el tipo de persona que somos que las contingencias que nos han ido acompañando a través de los años. La novela nos cuenta cuatro vidas diferentes para Archie; cuatro vidas diferentes, pero tampoco demasiado, porque en todas ellas encontramos un niño solitario, curioso, inteligente, que reparte sus aficiones entre la literatura y el cine; cuyas inquietudes le llevan por la rebeldía y la defensa de los derechos civiles; se espanta ante la ejecución de los Rosenberg cuando aún es muy pequeño, protesta contra la guerra de Vietnam y contra la segregación que mantiene sometida a la injusticia a toda la población negra del país. 
¿Por qué ese Archie va a llevar distintas vidas? Y ¿son realmente tan distintas las experiencias vitales que le vemos acometer? ¿No está en todas, más o menos enamorado de la misma mujer? ¿No es su destino dedicarse a la literatura, bien como novelista o bien como periodista? ¿No resulta en todas ellas un muchacho liberal tendente a la izquierda, rebelde y partidario de las libertades y de vivir a su aire?
Los cambios existen; no es lo mismo un padre que muere cuando Archie tiene ocho años, que un padre que se divorcia de su madre cuando es adolescente o un padre que vive siempre con la familia. Eso influye en las distintas vidas de Archie, hace que otras personas se crucen en su camino o que permanezcan al margen; que viva en ciudades distintas; que disponga de más medios económicos o que se encuentre en una situación más ajustada. 
Creo que el gran acierto de la novela es que las distintas circunstancias no cambian drásticamente las historias. No encontramos personajes sumamente distintos ni experiencias contrapuestas. Archie no cambia tanto; cambian ciertos hechos puntuales, algunas situaciones accesorias, algunos contextos sin demasiada importancia. Se viven distintos acontecimientos más o menos traumáticos; la orfandad en la infancia, la muerte de un amigo adolescente, pero nada que trastoque la vida del personaje o lo lleve por caminos muy distintos. A veces tenía que recapitular porque no tenía muy claro si estaba con Archie 1 o con Archie 4; si había empezado ya con Archie 3 o aún seguía con Archie 2. Nada, en todo caso, que llegue a complicar la lectura.
Y es que, como siempre he creído, somos más fruto de la genética que de las circunstancias; circunstancias que no voy a negar que influyen, pero salvo que sean tan opuestas como nacer en la opulencia en un país desarrollado o nacer en la miseria en un país pobre (o en el mismo país desarrollado), poco pueden hacer para cambiar las tendencias y las inclinaciones que tenemos desde la cuna. Los cuatro Archie son hijos de los mismos padres, se crían en el mismo lugar, tendrán vidas similares y destinos parejos, al menos, los destinos que a cada uno le dé tiempo a forjarse con la vida que se le otorga. Esa es la diferencia mayor entre todos ellos.

Paul Auster

El otro gran acierto es el final. Creo que, sin ser espectacular, le da cuerpo a toda la novela y proporciona sentido a estas cuatro ocurrencias de Paul Auster. Ocurrencias basadas en su propia vida porque en cada uno de los Archie se esconde algún dato autobiográfico del autor, alguna experiencia más o menos dolorosa, más o menos  satisfactoria, más o menos representativa de su infancia o de su juventud, porque me olvidaba decir que en estas cuatro historias de Archie tan solo llegamos hasta su primera juventud, hasta los veintidós años en que lo dejamos preparado para seguir su camino y escribir la gran novela americana que, tal vez, él sí consiga dar a las letras de su país.
Cuando Archie se entera de dónde proviene el nombre familiar, reflexiona acerca de todo lo que esa anécdota ha podido acarrear en su vida. 
"En la historia, acaba siendo Ferguson porque el agente de inmigración no entiende la lengua en que le hablan. [...] Un judío ruso transformado en presbiteriano escocés con quince trazos de la pluma de otro hombre. Y si en la Norteamérica blanca toman a un judío por protestante, si cada persona que conoce supone automáticamente que es un individuo diferente del que es, ¿cómo afectará eso a su futura vida en Norteamérica? [...]¿y qué habría pasado si ese nombre le hubiese venido a la memoria en vez de írsele de la cabeza? Se habría llamado Rockefeller, y a partir de ese día la gente le habría supuesto miembro de la familia más acaudalada de Norteamérica"
Tal vez, con algún otro pretexto, Paul Auster se hizo una pregunta similar acerca de su vida y decidió bucear en las respuestas a la eterna ¿qué hubiera pasado si...?
Una muy buena novela. Me ha gustado y la he disfrutado. Pero he de reconocer que, mientras la leía, en algunos momentos, pensaba que lo que me estaba gustando no compensaba el tiempo empleado en la lectura. Son cerca de mil páginas bien aprovechadas (los puntos y aparte, así como los diálogos escasean). Pero al terminar la novela me he reconciliado con la historia y he de decir que el balance es positivo. También ha influido en ello el final que, como ya he dicho, es lo suficientemente bueno como para cerrar un círculo que, por momentos se puede creer que va a quedar inconcluso.


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