Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 22 de mayo de 2017

"En Gran Central Station me senté y lloré" Elizabeth Smart

Difícil se me hace calificar esta novela. Me llevaron a ella un par de reseñas de gente de la que me fío, la preciosa portada años cuarenta en blanco y negro, más bien sepia, y, por supuesto, el título.
En Gran Central Station comenzó mi visita turística a Nueva York, hace ya ocho años. En Gran Central Station se rodó una de las escenas más impactantes del cine negro, la caída de un cochecito de bebé rodando por la escalera de la estación, mientras vuelan las balas a su alrededor y un intrépido y eficiente Andy García se lanza a frenarlo con su propio cuerpo antes de que se estrelle, mientras Kevin Kostner contempla alucinado al bebé ileso y sonriente en su interior. Fue en 1987, en "Los intocables de Elliot Ness" de Brian de Palma. Sí ya sé que la escena está copiada de otra muy similar y muy anterior de "El acorazado Potemkin" (Serguéi M. Eisenstein, 1936), pero igual me parece una de las escenas más alucinantemente bien hechas de todos los tiempos. Y sí, ya sé que nada tiene que ver con la novela que aquí traigo, pero todo eso es lo que la Gran Estación Central de Nueva York significaba para mí ya antes de toparme con este libro.
Y ahora sí, paso a hablar de esta novela de título tan sugerente. Estamos ante una novela de sentimientos, una novela en la que no hay trama aparente, en la que no pasa nada, salvo una mujer, la narradora, que muestra todo un torrente de sensaciones hacia personas, lugares, situaciones. Cuando empiezo la lectura, hace ya tiempo que leí las reseñas, he olvidado muchos detalles de su contenido, sé que me hicieron desear leer el libro y poco más. Comienza la historia y me va envolviendo en su lenguaje, en su raudal de sentimientos. La belleza de las palabras me subyuga, pero la historia que subyace, más que entenderla, la intuyo. Entonces recuerdo haber leído que hay que conocer la vida de la autora para saber mejor de qué nos habla en esta novela envolvente y seductora, y busco e indago, primero en Wikipedia, pero luego voy encontrando otras páginas que me hablan de Elizabeth Smart y voy conociendo su vida y voy entendiendo su tormento y su éxtasis, su amor y su desengaño, su entrega y su decepción.
Elizabeth Smart
Elizabeth Smart nació en Otawa, Canadá, en 1913. Cuando tenía veinticuatro años leyó unos poemas del poeta inglés George Barker y quedó profundamente enamorada de un hombre al que no conocía de nada más que de aquellos poemas leídos en una librería de Londres.
Tras su regreso a Canadá, Elizabeth trabaja en un periódico en Otawa, pero, decidida a ser escritora, abandona Canadá y viaja por Estados Unidos y Méjico para acabar estableciéndose en California. Para entonces, ha conseguido comenzar una relación epistolar con Barker, quien está casado, con su segunda mujer, Elspeth, tras haber enviudado de Jessica, la primera. Y es que George Barker es católico y aunque tuvo muchas amantes en su vida, no cuenta con ningún divorcio en su biografía. 
Barker se trasladó a California acompañado de Elspeth en un viaje desde Japón, donde trabajaba como Profesor de Literatura Inglesa en la Universidad Tohoku. El viaje de ambos fue pagado por Elizabeth quien había decidido que aquel hombre era el hombre de su vida y sería su esposo. Consiguió que fuera el hombre de su vida, el hombre que le duró toda la vida, pero jamás llegaría a ser su esposo.
La novela comienza cuando Barker y su esposa llegan a Monterrey donde Elizabeth les espera.
"Estoy en una esquina en Monterrey, de pie, esperando que llegue el autocar, con todos los músculos de mi voluntad reteniendo el terror de afrontar lo que más deseo en el mundo. La aprensión y la tarde de verano me resecan los labios, que humedezco cada diez minutos, a lo largo de las cinco horas de espera". Con ese párrafo empieza la novela y, a partir de ese momento, los sentimientos estallan en todas direcciones y son plasmados por la autora en la novela de tal manera que parece que va escribiendo a medida que siente, a medida que goza o sufre o siente culpabilidad o deseo o celos o desesperación...
Vamos intuyendo como la visita, en principio inocente -debía de serlo puesto que el hombre aparece junto a su esposa-, va tomando otro aspecto. La narradora, en principio, siente admiración, respeto y un gran cariño por la esposa del hombre, siente cierta lástima por el hecho de tener que hacerla sufrir "La vi salir de entre los geranios moribundos, vi su cara, que las lágrimas habían vuelto angulosa, sin por ello difuminar su tortura interminable. Su cuerpo se encogía, esperando la herida que oscilaba en suspensión perpetua sobre ella [...] ¿Es que no hay otra vía para mi libertad que su martirio?"
George Barker
Su amor no es entendido, tal vez, ni por ella misma que continuamente se debate entre la culpa y un amor que la arrebata y le hace perder gran parte de su cordura; la culpa frente a la mujer con la que está casado su amante y, a la vez, el deseo de que la abandone y por fin pueda casarse con ella. Nunca lo hará George Barker. Si Elizabeth tuvo cuatro hijos con él, él llegaría a tener quince de diferentes mujeres. No parece digno de la entrega y la adoración de la escritora para la que solo el amor existía, el amor por George Barker.
Por amor a Baker sufrió prisión en Arizona, se enfrentó a su acomodada familia en Otawa y al hecho de ser madre soltera de cuatro hijos en una época y en una sociedad pacata y moralista que nuca le perdonó tal atrevimiento y desafío moral.  
Por Barker sentirá celos "¿Que yo soy su esperanza? Puede ser. Pero es ella quien constituye su presente. Y si su presente es ella, yo no soy su presente. En consecuencia, yo no soy, y me pregunto cómo es que nadie ha notado que estoy muerta y se ha tomado la molestia de enterrarme". Por Barker gozará y sufrirá y lo convertirá en la medida de referencia de todo lo que siente y vive.
Se nos muestra muerta de amor y abandono por un hombre que, posiblemente, no la merecía. Un hombre que le dio cuatro hijos de los que tuvo que ocuparse ella sola, amante de la botella, tal vez más que de cualquier mujer, terminó aficionándola a ella también a la bebida. Por él abandonó su país al que volvería solo en ocasiones esporádicas, por él se enfrentó a toda una sociedad, por él sufre, más que goza, y por él escribió esta novela en la que vierte todo su amor y todo su sufrimiento, en la que va dejando jirones de piel y rastros de sangre; un canto al amor como razón única de la vida, como causa mayor ante la que agachan la cabeza, convenciones, y tradiciones. El amor que no se sublima ni se preserva puro, sino que se cumple hasta el final hasta el sacrificio de todo lo demás; el amor que se manifiesta carnal y se derrama por cada poro y con cada lágrima. "Negar el amor, y engañarlo mezquinamente asegurando que lo no consumado será eterno, o que el amor sublimado se eleva hasta lo celestial, es repulsivo, como repulsivo es el rostro del hipócrita si se coloca al lado de la verdad"
Una historia que empieza con esperanza y generosidad y termina con amargura, celos, resentimiento... pero nunca desamor. "La página es tan blanca como mi cara después de llorar toda la noche. Es tan estéril como mi mente devastada. Todos los martirios son en vano. También él se está ahogando en la sangre de un sacrificio desproporcionado. Es hora, amor, de deponer las armas, pues todas las batallas están perdidas".
Elizabeth Smart con sus hijos en 1945
La tercera hija, Rose Emma, no
nacería hasta 1947
Esta novela fue escrita en 1945. Elizabeth vivía en Inglaterra desde 1943. Allí se había desplazado George tras su estancia con ella en América. George seguía con su esposa Elspeth de la que nunca se separaría hasta su muerte en 1991. Elspeth, por cierto, sigue viva y es escritora. 
"En Gran Central Station me senté y lloré" se convirtió en una de esas novelas de culto que sirven para dar fama a un escritor de una vez y para siempre. La primera edición, con dos mil ejemplares, sufrió el ataque de la familia de Elizabeth que empeñó todos los esfuerzos y las influencias a su alcance para que el libro no se difundiera, no obstante, llegó a convertirse en obra de culto en los ambientes intelectuales de Nueva York. La segunda edición, mediada la década de los sesenta, permitiría a Elizabeth retirarse a vivir de la literatura, lo que haría en el condado de Sufolk. No obstante, no volvería a publicar nada hasta 1978 en que salió a la luz "Los pícaros y los canallas van al cielo", la segunda parte de su biografía, en la que narra su vida en Inglaterra justo después de la guerra y sus esfuerzos para sacar adelante a sus hijos. También escribiría un libro de poemas, "A Bonus", una antología de poesía y prosa, "In the Meantime" (1984), así como dos volúmenes de su diario "Necesary Secrets: The Journals of Elizabeth Smart" (1986)
Elizabeth Smart terminó sus días en Londres donde murió de un ataque al corazón en 1986. Como se dice más arriba, en 1943, en plena guerra mundial, se había trasladado a Inglaterra tras los pasos de su amante. Allí nacerían sus dos hijos pequeños y allí viviría casi sin interrupción (salvo una corta estancia entre 1982 y 1983 en Canadá) hasta el final. Y hasta el final vivió enamorada de Barker. A pesar de haberse librado parcialmente de su influjo a partir de finales de los años sesenta, y a pesar de haber sido capaz de vivir una vida más normalizada con distintos amantes, nunca logró sustraerse al embrujo adictivo del que llevaba colgada desde 1937 cuando un inocente libro de poemas cayó en sus manos en una pequeña librería londinense.


Elizabeth Smart y George Barker

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "En Gran Central Station me senté y lloré" es de 1945. 



viernes, 19 de mayo de 2017

Sin reseña II


Vamos con la segunda entrada de esos libros que se quedaron sin reseña de las que, como os dije en la entrada anterior, "Sin reseña I", haré una con cada cinco libros que lea y no tengan entrada propia en el blog.


"La dama de Zabreb" Philip Kerr.
Lo que en principio iba a ser la trilogía "Berlín negro", va ya por su décima entrega. Las novelas están protagonizadas por el detective Bernie Gunther, un veterano de la Gran Guerra que cuando empieza la serie, ha dejado el cuerpo de policía en la Kripo para convertirse en detective privado. En entregas posteriores volverá al cuerpo chantajeado por Heydrich, participará en la Guerra en el frente ruso, asistirá a la investigación de la masacre del bosque de Katin, acompañará a Buenos Aires a Eichman, será testigo del asesinato de Heydrich en Praga... y lo veremos en los episodios más paradigmáticos de la guerra y de la posguerra. Hasta la cuarta entrega, los libros siguen una línea cronológica, pero a partir de la quinta, van y vienen saltando en el tiempo de adelante hacia atrás. 
Bernie es un cínico que soporta como puede el tener que colaborar con las atrocidades cometidas por los nazis en nombre de Alemania. 
En esta ocasión la trama se traslada a Croacia para mostrarnos las barbaridades que los ustachas croatas, partidarios del régimen nazi, cometieron con serbios y bosnios durante la Segunda Guerra Mundial.
Resulta una serie de lo más interesante y tal vez, en otra ocasión me vea con ánimo para hacer una reseña sobre ella, pero por ahora, no me parece muy adecuado hacer reseña de este libro de forma aislada.

"Offshore" Petros Márkaris.
Otra novela de una serie que se alarga en el tiempo. Esta es la décimo segunda entrega de la protagonizada por el comisario de homicidios de la policía de Atenas Kostas Jaritos. Sobre esta serie, ya hice una entrada hace un tiempo, al hacerla sobre "Hasta aquí hemos llegado", la décima entrega. 
Dentro de toda la serie hay cuatro novelas que constituyen lo que se ha llamado "Trilogía de la crisis" (sí, las trilogías es lo que tienen, que acaban siendo cualquier cosa menos trilogías) y que son, la séptima, octava, novena y décima: "Con el agua al cuello", "Liquidación final", "Pan, educación y libertad" y la mencionada "Hasta aquí hemos llegado". 
Si algo hay que es de interés tratar cuando se habla de Grecia (o de España, por otra parte) es de la crisis y Márkaris lo hace con sencillez y atrapando al lector con los casos de Jaritos. Muy recomendable también esta serie.

"La viuda". Fiona Barton.
He dudado si meterlo en esta sección o hacerle una reseña a él solo y si, finalmente me he decidido por lo primero ha sido más bien por falta de tiempo y por tener otras lecturas más interesantes entre manos. La historia está bien dosificada y nos va cambiando el registro poco a poco a medida que avanza. Empieza en un momento de junio de 2010 en que, en primera persona, la viuda de un hombre nos va contando el acoso a que la somete la prensa y nos va dejando entrever cosas raras del pasado. 
Intercalados con los episodios que, partiendo de junio de 2010 van progresando en el tiempo, se intercalan otros que se inician en octubre de 2006 con la desaparición de una niña y están contados por un narrador omnisciente que nos trae las vivencias de distintos personajes: un inspector de policía, una periodista, la madre de la niña... 
Los acontecimientos de 2006 avanzan hasta encontrarse con los de 2010 y la trama nos mantiene enganchados con sus vueltas de tuerca, las sospechas que suscita y lo que vamos averiguando. 
Sin ser una gran novela policíaca, y siendo previsible en exceso, sabe mantener la curiosidad y trata temas interesantes y de actualidad. 

"El silencio de la ciudad blanca". Eva Gª Sáenz de Urturi.
Tras leer grandes elogios de esta novela la empecé con ciertas expectativas y cierto mosqueo. He de decir que el mosqueo se ha visto más cumplido que las expectativas. La novela se lee muy bien porque es sumamente entretenida, pero en varios momentos he estado a punto de abandonarla ante la sensación de que estaba perdiendo el tiempo. El ser una lectura liviana para la noche, me hizo continuar ante la intriga que va creando que eso sí lo llega a hacer.
En primer lugar me pareció una copia mal disimulada de "El guardián invisible": asesinatos en serie que se continúan de otros acaecidos años antes tras un periodo de calma; sospechas hacia familiares de algún policía; escenarios perfectamente diseñados por el asesino; referencias mitológicas, paganas en "El guardián..." y religiosas en este.
Por otra parte, llevaba leído un veinte por ciento cuando me cansé de subrayar errores y detalles inverosímiles, y no es que yo pida una escrupulosa verosimilitud, pero un mínimo es esencial en una trama policíaca que, de lo contrario, no se sostiene.

"Y yo a ti más". Lisa Gardner.
Este libro estuvo a punto de tener su reseña, pero en esta ocasión, ha primado sobre todo la falta de tiempo. Es la primera novela de la serie de Tessa Leoni, una agente de la Policía estatal de Massachussetts que se ve envuelta en el asesinato de su marido, Brian, y la desaparición de su hija. Sobre la trama planea el maltrato doméstico en una serie de giros que van haciendo que la novela sorprenda, aunque menos de lo que debería pues esa advertencia en la portada de que se trata de "Una novela de la agente Tessa Leoni" ya nos hace desechar algún final de los posibles que se plantean.
Los capítulos se alternan entre lo narrado por Tessa en primera persona, donde relata toda su relación con Brian desde que lo conoce, y lo contado en tercera persona acerca de como transcurre la investigación. Esta parte siempre está contada desde el punto de vista de la detective D.D. Warren, de la policía local de Boston y es el contrapunto a lo narrado por Tessa.
Por lo demás, se trata de una novela que, aparte de muy entretenida, está muy bien estructurada, con una trama elaborada y que no deja cabos sueltos. No faltan las sorpresas y los personajes están bien diseñados y resultan creíbles dentro de las situaciones límite que viven.

Otros cinco libros que no tuvieron su reseña en el blog, pero sí su atención. Esta vez han sido todos policíacos y casi todos me han gustado, pero han tenido que ceder su sitio a novelas que he creído que merecían un espacio más señalado. El tiempo no da para todo. A ver que pasa en la próxima.


miércoles, 17 de mayo de 2017

"Norte y sur" Elizabeth Gaskell

"Norte y sur" es una novela victoriana que fue publicada en 22 entregas semanales entre septiembre de 1854 y enero de 1855 en la revista Household Words, que dirigía Charles Dickens, amigo de la autora. En 1855 se publicó una edición, ya en forma de libro, en dos volúmenes, revisada y ampliada por la propia Elizabeth Gaskell.
Tras pasar varios años en Londres, gozando de todas las ventajas de la buena sociedad que le da el hecho de vivir con su tía Shaw y su prima Edith, tras la boda de ésta, Margaret regresa a la casa familiar de la vicaría de Hellstone donde viven sus padres. 
Su tía es una mujer que ascendió en la escala social tras casarse con un hombre que le doblaba la edad y en cuyo matrimonio no hubo amor sino respeto por la posición y el carácter del marido.
Su madre, la señora Hale, por el contrario, se casó por amor con un vicario que la arrastró unos cuantos escalones por debajo de su estatus de señorita Beresford, pero que solo la sacaba ocho años. Ello hace que la señora Shaw envidie la situación de su hermana como se envidia siempre lo que no se tiene, sin pensar en lo que de nosotros puede resultar envidiable a los demás, y es que la señora Hale se ha casado por amor, sí, pero no se atreve a asistir a la boda de su sobrina por carecer del atuendo adecuado. "«Casada por amor, ¿qué más puede desear en este mundo la queridísima María?». Si la señora Hale fuese sincera, podría haber contestado con una lista preparada: «Un vestido de seda gris perla, un sombrero blanco, ¡ay!, y muchísimas cosas para la boda y muchísimas más para la casa»".
La señora Hale vive pesarosa por la reticencia de su marido a pedir un ascenso, una parroquia más grande que lo aleje de Helstone, donde cree que la proximidad de tantos árboles le afecta negativamente a la salud. No se imagina que sus deseos se van a cumplir y que está a punto de abandonar Helstone, pero para cambiarlo por un entorno mucho más insalubre y asfixiante. 
Problemas de conciencia del reverendo Hale llevarán a la familia al norte, concretamente a Milton (tal vez el Manchester de la realidad al que se trasladó la autora tras casarse), una ciudad industrial llena de las fábricas, el humo y los conflictos sociales derivados de la Revolución Industrial, en pleno apogeo en el país. Allí confía en conseguir un puesto de profesor que les permita subsistir tras dejar la parroquia, de la que no se cree merecedor en su situación de crisis de conciencia. Pero, ¿en qué consiste esa crisis? Como le confiesa a Margaret, no son dudas religiosas, "ni el más ligero menoscabo en eso", tampoco se debe a falta de fe. En la novela, vista desde nuestros días*, no queda clara esa cuestión que el señor Hale atribuye a "ardientes dudas con la autoridad de la Iglesia"
Elizabeth Gaskell
Sea como sea, el viaje al Norte de la familia será el motor de toda la trama de la novela. Allí se encontrarán con un mundo desconocido que romperá los esquemas de Margaret. Un mundo que al principio desprecia por tosco, materialista, injusto y sucio; donde la gente vive con prisas, en casas reducidas y alejadas del campo y el frescor de los árboles; donde prima el enriquecimiento de los patronos y el trabajo extenuante y la rutina, a veces embrutecida de alcohol, de los obreros. Un mundo del que terminará sabiendo apreciar y echando de menos, cuando ya no esté allí, las cosas buenas que no deja de tener. A la vez, se irá dando cuenta de que el Sur no es el paraíso perdido con el que soñó al principio de su exilio en el Norte, y así, le dice a un obrero sin trabajo que se plantea trasladarse al Sur: "No soportaría el aburrimiento de la vida [...] Labrar la tierra es un trabajo duro que entumece la mente. La monotonía de su tarea agotadora les embota la imaginación, no se molestan en reunirse para hablar sobre ideas y especulaciones cuando terminan su jornada, vuelven a casa brutalmente cansados, pobres criaturas, sin más deseo que comer y descansar".
De la mano de Higgins, un obrero sindicalista, y de su hija Bessy, se topará cara a cara con lo que es la injusticia del incipiente mundo capitalista. Familias en las que varios miembros, niños incluidos, trabajan más de diez horas diarias... y terminan ganando lo justo para subsistir, y a veces ni eso; jóvenes que mueren a una edad temprana porque las condiciones de trabajo han minado su salud desde la infancia. Es cierto que los patronos tienen que renovar maquinaria, y a veces los precios bajan y no obtienen los beneficios esperados por la venta de sus mercancías y puede que incluso lleguen a arruinarse, pero un patrón en apuros sigue viviendo en una gran casa y celebrando cenas de varios platos para varios comensales, mientras que un obrero con trabajo subsiste en una casa pequeña e insalubre comiendo lo justo y calentándose menos de lo necesario. 
Todo eso le saldrá al paso a Margaret a la vez que, sin darse cuenta irá apreciando cada vez más a Thornton, un hombre salido de la nada y hecho a sí mismo que dirige una fábrica de tejido de algodón. Es un hombre honrado y justo, pero como hombre que ha tenido que pelear por cada chelín conseguido, considera que los obreros que permanecen como tales lo hacen por falta de decisión o voluntad "Una de las grandes virtudes de nuestro sistema es que un obrero puede conseguir el poder y la posición de patrón mediante el propio esfuerzo y el buen comportamiento; que, en realidad, quien se rige por la decencia, la conducta sobria y el cumplimiento del deber, pasa a nuestras filas".
Margaret, que en principio detesta estas ideas, a la vez que se va reconciliando con el Norte, irá poco a poco apreciando las virtudes de Thornton y dándose cuenta de que la opinión que él tenga de ella le importa mucho más de lo que hubiera creído nunca. Entre ellos se establecerá una relación en la que cuando uno va otro viene, una relación hecha de desencuentros y equívocos que se resolverán, como no podía ser de otra manera para la época, felizmente. 
De uno de estos equívocos, forma parte Frederick, el hermano de Margaret, guardiamarina involucrado en un motín contra el capitán Reid, un hombre autoritario y tirano, cuyo despotismo terminó por resultar criminal en el barco en el que ambos servían. Como resultado del motín, Frederick no puede volver a Inglaterra y, tras pasar un tiempo en Sudamérica, ahora vive en España, en Cádiz, a la espera de alguna afortunada e improbable circunstancia que le permita volver a casa con su familia. Pero no hay muchas esperanzas. La autoridad de la Armada está por encima de todo, incluso de la Justicia por lo que es muy improbable que Frederick pueda volver a su país con su familia sin poner en peligro su vida.
Por su parte Thornton también irá cambiando; sobre todo en su percepción de los obreros, a los que en principio considera como niños de los que tiene que preocuparse en todo lo relativo al trabajo ("Sostengo que el despotismo es la mejor forma de gobierno para ellos [...] Emplearé toda mi discreción [...] para establecer normas prudentes y tomar decisiones justas en la administración de mi negocio; normas y decisiones para mi propio bien, en primer lugar; y para el suyo en segundo"), para terminar viéndolos como personas que tienen mucho que aportar y hasta una amistad que ofrecer.
En esta novela, los personajes y nosotros con ellos, van cambiando su forma de pensar, porque conocer aquello que temen (lugares, personas, modos de vida) y convivir con ello, les hace desechar ideas preconcebidas. Cuando los dos mundos se enfrentan en la mente de Margaret, ambos ponen de manifiesto sus mejores galas, mientras tratan de esconder sus miserias, y es que al final, todo está hecho de claroscuros y como le dice Margaret a su padre: "cada forma de vida produce padecimientos propios y tentaciones propias. Los que viven en las ciudades deben de considerar tan difícil ser pacientes y tranquilos como los del campo ser activos y estar a la altura en emergencias desacostumbradas. A unos y a otros tiene que costarles mucho concebir un futuro de cualquier género; a los unos porque el presente es tan vivo, tan apresurado y tan inmediato; y a los otros, porque su vida los tienta a deleitarse en la mera sensación de la existencia animal, sin conocer y, por lo tanto, sin preocuparse por ningún otro deseo de placer para cuya consecución pueda hacer planes y sacrificarse e ilusionarse".

*En mi edición de "Norte y Sur" (Alba, 2005) solo aparece una pequeña reseña y un prefacio, más pequeño aún, de la propia autora. Después de participar en la tertulia en facebook, tras la lectura conjunta, allí he sabido que algunas ediciones traen un prólogo más extenso donde se da una explicación a lo que pudieron ser las dudas del señor Hale. Transcribo un fragmento de dicho prólogo al pie de la letra, tal como nos lo hizo llegar Salomé Fresco en la tertulia: "Desde el momento de separación de la iglesia anglicana y la iglesia católica (1534), empiezan a aparecer disidentes de las doctrinas oficiales [...] La Ley de Uniformidad (1662), con el objetivo de establecer una unidad religiosa, exigía un juramento de adhesión a un libro de oración común para desempeñar cualquier cargo dentro de la iglesia y del Gobierno [...] Unos 2.000 pastores se negaron a llevar a cabo el juramento, por lo que fueron expulsados de la iglesia anglicana, estableciendo toda una serie de nuevas congregaciones [...] De entre estos grupos surgió un movimiento que empezó a plantearse la naturaleza divina de Cristo y la doctrina de la Trinidad. Uno de esos pastores, Theophilus Lindsey, fundó en 1774 la primera capilla unitaria en Londres [...] El personaje del señor Hale está inspirado en Lindsey". Esto nos dice Salomé acerca de las ideas de la Iglesia Unitaria: tolerancia hacia otras creencias cristianas y aceptación de todas ellas; educación como derecho inherente de todo ser humano, hombre o mujer; gran importancia a los temas sociales, reformistas en temas como la esclavitud, los derechos de la mujer o de la clase obrera; pasión por la libertad individual y la justicia; conciliaban muy bien ciencia y religión...
No quería adjudicarme el mérito de este conocimiento en la reseña, pero creo que resultará interesante para muchos lectores.

Norte y sur ha sido la lectura conjunta de mayo en el grupo de facebook Los libros de Carmen y amig@s.

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Norte y Sur" es de 1855.



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