Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 29 de julio de 2017

"Tonto de remate" Richard Russo

El verano pasado me entregaba, por primera vez, a la lectura de "Ni un pelo de tonto" y a la revisión, por tercera vez, de la película del mismo título.
Este verano le ha tocado el turno a la última novela de Richard Russo, "Tonto de remate" que, como se puede sospechar por el título, continúa con las aventuras de muchos de los personajes de la novela anterior en el tranquilo pueblo de North Bath, Nueva York.
Diez años han pasado desde la anterior novela y pocas cosas han cambiado en North Bath. Bueno, hay algunos personajes de menos. Diez años son muchos años para los más viejos o enfermos del lugar y algunos como la señorita Beryl, o el abogado cojo de Sully, Wirf, han desparecido. 
A otros, como a nuestro querido y adorable Sully, les ha cambiado la suerte. Ya no tiene deudas; desde que le tocó por primera vez la triple mientras estaba en la cárcel, ha vuelto a tocarle alguna otra vez y, además, la señorita Beryl le dejó heredero de la casa en la que ya vivía como inquilino. No obstante, no todo es propicio para Sully. Su salud está en crisis total y una afección cardíaca hace que los médicos le hayan dado un tiempo de vida de unos "dos años. Más bien uno, probablemente".
Ahora ya no tiene que trabajar y eso tiene muy triste a Rub que ya no puede estar tanto tiempo con su adorado Sully como cuando se ocupaban juntos de las chapuzas que les proporcionaba Carl Roebuck. Encima Sully, aunque queda en pasar a recogerlo al cementerio donde le ha conseguido a Rub un trabajo, con frecuencia se olvida. Rub estaría dispuesto a cualquier cosa para atraer de nuevo la amistad y la atención de Sully, incluso a perder una pierna "Sully se hubiera sentido culpable, ¿no? [...] con tal de hacerse perdonar, habría echado a Carl  Roebuck de la casa de la vieja para instalar en ella a Rub [...] En fin, a Rub no le fascinaba la idea de perder una pierna, pero si era el precio de la amistad, no tenía más opción que pagarlo". Y es que lo que Rub siente por Sully se parece mucho al amor, aunque, tal vez, el desapego de Sully le sirva a Rub para recuperar la atención y el cariño de Bootsie, su poco atractiva y malhumorada mujer.
Carl Roebuck ha perdido definitivamente a la suya. Tobby, aun enamorada, o precisamente por estarlo, no pudo soportar las infidelidades de Carl y se fue. Ahora Carl, operado de la próstata, tiene problemas de impotencia e incontinencia, pero no puede dejar de pensar en el sexo. Problemas laborales de todo tipo en su empresa de construcción hacen que se cumplan las profecías de Sully cuando decía que Carl arruinaría la boyante empresa que le dejó su padre, Kenny Roebuck. Ahora Carl vive como inquilino de Sully en el piso de arriba de la casa de la señorita Beryl.
Otros personajes cobran nuevo protagonismo y desplazan a Sully, aunque el peso de este sigue siendo importante porque su personalidad domina sobre todo el resto, o, tal vez, es la personalidad del gran Paul Newman que, tras la película, ya siempre será Sully. 
Raymer, el policía agredido por Sully, agresión que le supuso ir a la cárcel en la novela anterior, ha ascendido a Jefe de Policía, no entendemos muy bien cómo. Cuando la novela empieza lo vemos asistiendo al entierro del juez Barton Flatt, el mismo que se había preguntado diez años antes a quién se le había ocurrido poner un arma en manos de un mamón, refiriéndose a Raymer. "Así que ahí estaba, bajo aquel sol implacable y tan poco propio de la estación, honrando la memoria de un hombre que lo había despreciado durante casi dos décadas enteras".


Raymer (Philip Seymour Hoffman) y Sully (Paul Newman) en "Ni un pelo de tonto"

Raymer es, quizás, el verdadero protagonista de esta novela. Hace poco más de un año que murió Becka, su mujer, cuando se disponía a huir con su amante y ahora Raymer anda por ahí con el mando a distancia de la puerta de un garaje porque sabe que corresponde al garaje del amante y es la única pista que tiene para dar con él. 
El jefe de policía no tiene mucha confianza en sí mismo. Sabe que no solo es tonto, sino que además lo parece porque la gente se ríe de él "hay una diferencia entre ser tonto y parecerlo [...] yo sé que tú eres tonto, Jerome. No hace falta que me convenzas. Estás enamorado de un puto coche [...] Y sin embargo, nadie se ríe de ti".
Raymer sigue siendo el mismo que disparó al aire y estuvo a punto de matar a una anciana sentada en el inodoro de su casa cuando la bala entró por una ventana a escasos centímetro de su cabeza. Sigue siendo el mismo al que el juez Barton Flatt había llamado mamón, el mismo inútil desastroso, pero eso está a punto de cambiar porque, cuando es atacado por un rayo que le atraviesa la mano, alguien o algo toma posesión de los pensamientos de Raymer y se verá a sí mismo, y lo veremos todos, actuando con inusitada osadía y sagacidad. Descubre el placer de la violencia y entiende lo que tuvo que sentir Sully diez años antes cuando le estrelló el puño en la cara después del desafortunado disparo.
Otros viejos amigos aparecen en "Tonto de remate". Ruth era la amante de Sully. Ya no son más que amigos y Ruth quiere recuperar un poco de ternura y cariño por Zach, su marido, el hombre que lleva años sabiendo, sufriendo y perdonando la relación de los amantes. Zach es un buen hombre que quiere demasiado a Ruth o, tal vez, lo que pasa es que se quiere demasiado a sí mismo. No importa, el amor propio termina por traducirse en amor por los demás, y "no perdonamos a los demás porque se lo merezcan [...] Los perdonamos porque nos lo merecemos nosotros"
No obstante, Ruth no lo tiene muy claro. Cuando está con Sully en el restaurante piensa que quiere tratar mejor a su marido, pero unas horas después, en casa, con Zach, siente haberse portado cruelmente con Sully insinuándole que se vaya a descansar a las playas de Aruba. Aunque puede que Ruth no tenga mucho tiempo para resolver sus contradicciones porque Roy, su yerno, acaba de salir de la cárcel. Y en su lista de agravios a cobrarse figuran Ruth y Sully en los primeros puestos.
Peter y Will, hijo y nieto de Sully repectivamente, apenas aparecen más que como evocaciones de su padre y abuelo. Will se irá pronto a estudiar a la Universidad y Peter piensa trasladarse para estar cerca de su hijo, con lo que ambos terminarán siendo dos seres que poblaron la vida de Sully durante los últimos diez años, un paréntesis en el que tuvo hijo y nieto y durante el cual ha vivido lo más parecido a una vida familiar que es capaz de soportar.
Richard Russo
Si "Ni un pelo de tonto" me gustó, "Tonto de remate" me ha gustado aún más. En North Bath han pasado diez años, pero en la obra de Russo han sido necesarios veinticuatro para pasar de una novela a otra. Mucho ha escrito Russo en ese tiempo y se nota. Los personajes adquieren más profundidad si cabe, que en la obra anterior; las situaciones se describen con humor, con todo lujo de sentimientos y reflexiones. La novela es un canto a la vida lleno de optimismo o aceptación, pero, si alguna vez aparecen la lástima o el victimismo, es solo para burlarse de ellos, para criticarlos, para ponerlos sutilmente, como ejemplos de lo que nos destruye.
El escritor, nacido en Johnstown, al norte del estado de Nueva York, ubica la acción en esa zona que tan bien conoce, haciendo de Norh Bath una ciudad que ya vamos conociendo; sabemos de su grandeza pasada y de su decadencia actual, de su rivalidad y envidia de la vecina Schuyler Springs que mantuvo sus aguas medicinales cuando los manantiales de North Bath ya se había secado. Conocemos sus calles, sus bares, sus hoteles abandonados y sus parques.
Richard Russo, a quien conocí por casualidad al comprar un libro que se titulaba "Alto riesgo", y que me dio buen rollo en un cajón de saldos, ha conseguido no decepcionarme en las seis novelas que he leído después. Todo lo contrario, lo que ha conseguido es que cada vez me sienta más atraída por sus libros y por su manera de contarnos la vida.
Si a alguien le interesa saber más cosas de mi afición a este autor, en este enlace puede ver mis reseñas de sus novelas.


jueves, 27 de julio de 2017

"Alma de cobre" David Verdejo


"Alma de cobre" de David Verdejo, nombre con el que firma sus novelas David de la Torre, es la última reseña que he escrito para la Revista MoonMagazine.
En "Alma de cobre" debuta en la novela Lee Johnson, personaje al que ya conocemos por sus apariciones en relatos cortos publicados en la propia MoonMagazine, donde también se está publicando por entregas una novela larga, "No te sientes de espaldas a la puerta", protagonizada por el mismo personaje. El nacimiento de Lee Johnson tuvo lugar, no obstante, en otra revista, Solo Novela Negra (clicando en los textos verdes llegaréis a esos relatos).
Lee Johnson, el personaje estrella del autor, es un detective del Departamenro de policía de Nueva York. Su historia es un tanto tormentosa y, en "Alma de cobre", tendrá que enfrentarse a un caso que le afecta personalmente, a su presente y a su pasado. 
Chicago, familias mafiosas, secretos inesperados, amor, amistad...
Para saber más acerca de la novela y de su autor, clica aquí debajo y lee la reseña completa en Revista MoonMagazine:



"Alma de cobre" es la segunda novela publicada por David Verdejo. La anterior, "Woods Lane", también estaba ambientada en Estados Unidos. Próximamente, tendremos la tercera, "El secreto de Pozonegro". En este caso, la acción se traslada a un pueblo cordobés llamado Alarife y su protagonista es una Guardia Civil con el sonoro, histórico y sorprendente nombre de Clara Campoamor. No pienso perdérmela.


martes, 25 de julio de 2017

Lecciones para escribir una novela. Décimoprimera: El clímax.


Con esta entrega se terminan estas lecciones que, desde septiembre de 2016, estoy compartiendo con vosotros por gentileza de Txaro Cárdenas que las publicó originalmente en la revista que dirige, Revista MoonMagazine. La autora de estas lecciones es Ana Bolox, escritora y autora de un par de libros policíacos, clásicos y al más puro estilo Agatha Christie: "Carter & West" (del que podéis leer mi reseña clicando en el título) y "Un cadáver muy frío", que aún tengo pendiente de leer.
Esta última lección, tal vez la más cortita, trata del segundo elemento de El desenlace. Si el primero fue el crescendo, ahora se nos hablas de:


Se nos cuenta en qué consiste este segundo elemento del desenlace y los misterios que resuelve (y no hace falta que sea una novela de suspense o policíaca para que se descubran misterios ocultos, al menos para el lector, pero también, a menudo, para el propio autor)
También nos dan consejos para que este elemento sea eficaz y cumpla a la perfección con su cometido, "teniendo claro que el clímax no consiste en un solo momento, en una especie de explosión que se produce sin más y ya está. De hecho, a la hora de construir el clímax de tu novela debes tener en cuenta estos cuatro aspectos:" Esto nos dice Ana, pero si queréis saber cuáles son esos cuatro aspectos, id al artículo en la Revista MoonMagazine y allí encontraréis las explicaciones correspondientes.
Ahora ya solo me queda despedirme y despedir estas lecciones que espero que os hayan gustado y os hayan sido útiles.
Muchos me decís en los comentarios que no pensáis escribir nunca una novela. Yo tampoco, desde luego, pero las aportaciones de Ana en este curso online, me han servido también como lectora, y me han ayudado a leer de otra manera y a buscar (y, no siempre, pero, a veces, encontrar) algunos de estos elementos en lo que iba leyendo.
Nunca está de más poder incrementar el sentido crítico y los elementos para llevarlo a cabo.


domingo, 23 de julio de 2017

"La vida invisible de Eurídice Gusmão" Martha Batalha

Vaya por delante que este libro me ha gustado, pero creo que tenía unas expectativas muy altas debido a lo que había leído acerca de él. Unas expectativas que no han llegado a cumplirse al cien por cien. Claro que las expectativas que me pueda formar son cosa mía y de nadie más y, teniendo en cuenta las que yo creo con mi entusiasmo lector, entiendo que os pase al resto y que luego el libro no transmita el mismo fervor a otros lectores.
Pero que conste que lo he leído con gusto, lo he disfrutado, me he reído y, encima, me ha tocado en el sorteo de Marina Córdoba con motivo de los 1300 seguidores en su blog "Mis lecturas". Como mi ejemplar es digital, estoy muy contenta por haber tenido suerte en el sorteo y por poder tener el libro en papel. Será un precioso recuerdo de Marina a quién desde aquí quiero dar las gracias.
Y ahora, vamos con "La vida invisible de Eurídice Gusmão". Eurídice es una mujer invisible, es la esposa de Atenor, la madre de Cecília y Afonso, la hija de..., la hermana de... Eurídice ha renunciado a su vida, a lo que le hubiera gustado ser, para convertirse en lo que cree que debe ser. Eurídice ha decidido no ser Eurídice. Desde que su hermana Guida se fue de casa, se sintió obligada a asumir el papel de la buena hija, la que llena de satisfacción a sus padres haciendo todo lo que se espera de ella. Y así decidió ser "la mejor hija de todas, la niña ejemplar, aunque esa niña ejemplar estuviese en profunda sintonía con la Parte de Eurídice Que No Quería Que Eurídice Fuese Eurídice". Y de esa manera dejó de ser ella y se sumió perezosamente en las convenciones, en lo esperable... en el matrimonio; en la mujer banal con el mejor atributo que puede tener una mujer, o, al menos, el mejor desde el punto de vista de Atenor: el tener la cabeza en su sitio. Dónde tenga las emociones, el alma o los deseos, no es algo que tenga demasiada importancia. No para Atenor.
Su matrimonio no es feliz, tampoco desgraciado, "hay quien piensa, incluso, que Eurídice y Antenor se enamoraron de verdad y que esa pasión duró los tres minutos de un baile lento en una fiesta de máscaras del Clube Naval". Ahora, es una relación llevadera, sin pasión, sin grandes alegrías ni grandes tristezas. Una de esas relaciones en las que se mantienen frías las cenizas que, tal vez, ardieron durante tres minutos en un baile de máscaras.
Lo único que rompe la monotonía y la frialdad en la casa familiar son las Noches de Lágrimas y Whisky que, periódicamente aquejan a Atenor e injustamente sufre Eurídice acusada, sin motivo, por algo que resultó ser cosa de la genética y por lo que también había sufrido su madre.
Por lo demás, la vida es tranquila. Ha decidido retirarse del sexo y para ello, como no le bastaban las indisposiciones en momentos clave, decidió matar dos pájaros de un tiro: burlar el tedio y disuadir al marido de acercarse a ella con intenciones distintas del caso beso en la frente. Y solo se le ocurrió hacerlo engordando. Mucho. 
La vida es muy tranquila. Atenor en el trabajo, los niños en el colegio. Muchas horas libres para darse cuenta de que no es feliz. No se esconde la verdadera naturaleza, los ardientes deseos, las altas aspiraciones sin pagar a cambio el precio del tedio más paralizante. "Porque Eurídice, que lo sepáis, era una mujer brillante. Si le hubieran dado cálculos elaborados, habría proyectado puentes. Si le hubieran dado un laboratorio, habría inventado vacunas. Si le hubieran dado páginas en blanco, habría escrito clásicos. Pero lo que le daban eran calzoncillos sucios que Eurídice lavaba muy rápido y muy bien para, después, sentarse en el sofá, mirarse las uñas y pensar en qué debería pensar". Y para evitar pensar en su situación penosa y frustrante decide acometer tareas que se lo impidan, tareas que llenen su cabeza con cualquier actividad que le impida pensar. Con ello consigue recuperar su peso y sentirse feliz, o, al menos, ocupada.
¿Y qué paso con Guida? Ella no se conformó con lo que parecía estarle destinado y decidió enfrentarse a todos. Hace ya tantos años que se fue que Eurídice ni siquiera piensa en ella. O no demasiado. La vida no ha sido más fácil para ella, su rebeldía y valor no han tenido recompensa. Ella no renunció a ser quien quería, o puede que ni siquiera supiera quién quería ser, pero sea como sea, la vida se le ha hecho muy difícil casi desde el momento en que abandonó la casa familiar para huir con Marcos, "un partidazo que sus padres esperaban ver casado con otro partidazo. Eso era lo que los otros hijos habían hecho, eso era lo que los padres de Marcos habían hecho y eso era lo que pensaban que Marcos haría". Pero Marcos, al igual que Guida, no estaba hecho para lo previsible, lástima que nadie les hubiera enseñado a enfrentarse a lo imprevisto, a su propia rebeldía.
Guida vuelve cuando está a punto de no poder subsistir ni sacar adelante a su hijo. Vuelve después de haberlo intentado todo para seguir manteniendo su independencia. Aunque Eurídice no lo sabe, ya antes había vuelto, pero se encontró con las puertas cerradas y sin llaves para abrirlas. Guida vuelve e ilumina la vida de su hermana porque ni las más penosas necesidades, ni las carencias más vitales han sido capaces de terminar con su humor y su alegría traviesa.

Martha Batalha

Pero la novela trata de muchos más personajes. Esta es una novela de vidas que se cruzan porque casi cada uno de los participantes en la trama tiene su propia historia, y como además se remonta un par de generaciones en el tiempo, también asistimos a las historias de padres y abuelos. Tal vez sea esto lo que menos me ha gustado de la novela. Son tantas las vidas que se cuentan, que más parece un libro de relatos al que se ha querido dar cuerpo de novela relacionando entre sí a los protagonistas de dichos cuentos, pero como prima el formato de novela, tanta historia, tan minuciosa, de personajes tan secundarios, termina por resultar un poco artificial. Y es que no podemos obviar el hecho de que la protagonista indiscutible es Eurídice y cuando se nos cuenta la historia de Zélia o de Antônio, nos resulta extraño lo ajena que queda ella en la narración correspondiente.
Creo que la obra sería perfecta escrita como un libro de relatos, cada uno con su protagonista concreto. Me fascinaría, estoy segura, ver cómo van relacionándose los relatos entre sí, cómo la protagonista de uno es la vecina cotilla de la protagonista de otro; o el librero dominado por su madre, aparece como el enamorado silencioso de la que hace el papel de mujer abandonada en otro relato... 
Es una opinión personal y sé que es muy raro verme a mí pidiendo relatos cuando estoy cansada de decir que es un formato que no me atrae mucho, pero creo que esta novela se quedó con las ganas de serlo y esa vocación frustrada es lo que me chirría un poco. Por lo demás, cada vida que en ella se nos cuenta es un mundo en sí misma, y son mundos muy buenos, curiosos, entretenidos, con sentido del humor dentro de su dramatismo y, por todo ello, no podría desaconsejar su lectura. Seguiré de cerca a la autora porque creo que promete. Esperemos que cumpla.



jueves, 20 de julio de 2017

Los libros y la isla desierta.


Hace unos días apareció en "Encantadora de cuentos", el blog de María Campra, una entrada de esas que llaman "tag", no sé muy bien por qué.
Allí María nos planteaba cinco cuestiones relacionadas con la lectura en una isla desierta. Partiendo de la hipótesis de que te invitaran a pasar un mes de vacaciones en una isla donde, lógicamente, ibas a estar solo porque para eso es una isla desierta, responde a las siguientes preguntas:

*¿Qué libro te llevarías para releer?
Me llevaría "Rayuela" de Julio Cortázar, que hace tiempo que quiero releerlo y, como es tan voluminoso, nada mejor que un mes en una isla desierta. Allí sí que tendría tiempo. Como digo, hace bastante que quiero releerlo porque creo que la primera vez era muy joven. Además lo leí por el método de leer todo seguido hasta el capítulo 56 en que se termina la historia, según consejo del propio autor. De esa forma, tan solo leí una tercera parte del los 155 capítulos del libro. Ahora lo leeréía siguiendo el orden de capítulos que marca Cortázar. Así se leen todos, pero desordenados, u ordenados de otra forma. 

*¿Qué libro te llevarías para leer por primera vez?
"Ulises" de James Joyce. Es uno de mis eternos pendientes. Seguro que en la isla conseguiría centrarme y meterme en la historia. Lo empecé estando embarazada y de reposo absoluto en la cama. Fui incapaz de leer cinco páginas. Me imagino que no era el mejor momento. Pensé dejarlo para después de unos meses en que estuviera más tranquila y preparada para enfrentarme a él, pero se ve que ese momento nunca llegó. Y ahí está pendiente del todo. Ahora, un mes en la isla, seguro que daría para disfrutar con la obra.

*Qué serie te llevarías para no aburrirte?
Me llevaría una serie que tengo hace tiempo abandonada. Se trata de la del detective privado y ex policía creado por el autor estadounidense John Connolly. Amante del jazz, su padre hizo que su nombre y apodos fueran Chalie "Bird" Parker. Son como dieciséis novelas de las que solo he leído cinco. Se trata de un personaje atormentado por un terrible pasado que le persigue y del que no puede dejar de sentirse culpable. Tiene que enfrentarse a tramas en que se mezcla lo real con otros sucesos que se presentan como más inverosímiles, pero sin perder nunca el contacto con lo que podría ser... ¿real?



*Qué libro infantil te llevarías?
No sé si se puede considerar infantil, pero creo que en este formato sí. Yo lo leí como mil veces (exagerando) cuando era niña. Me refiero a la edición de Historias Selección de "Mujercitas". ¿Os acordáis? Tenía una colección enorme. cada cuatro páginas, había una con viñetas, tipo cómic. Y en ese cómic se resumía la historia que se contaba en el resto de las hojas. Historia que ya debía de estar muy resumida pues me han dicho que, concretamente "Mujercitas", no tiene nada que ver con la edición normal. Yo creo que estas ediciones estaban basadas en las películas. Tenía varias de Sissi, Heidi y más que ya no recuerdo.

*Opción libre.
Como opción libre, me llevaría "Cumbres borrascosas" ya que se me han cruzado tantas lecturas que tengo un poco olvidado mi reto personal sobre las Brontë. En un mes, me daría tiempo con este que es de los voluminosos. Me llevaré el ejemplar que he leído siempre, uno viejo, de mi padre, del Círculo de Lectores. Es un libro que he leído como tres veces. Dos, siendo muy joven, más bien adolescente y la tercera ya mayor. Todas ellas lo he disfrutado mucho, pero es de los que temo que ahora puedan decepcionarme. Hay gente que me ha dicho que le ha pasado cuando ha vuelto sobre él ya con unos años. Veremos.

Hasta aquí, el equipaje literario que me llevaría a la isla. Ahora solo falta que me llegue la invitación. Espero que sea una isla de clima privilegiado y que el alojamiento sea cómodo, con buenas tumbonas a la sombra de grandes árboles para poder leer a gusto. Me imagino que no habrá ni fieras, ni molestos insectos, ni bichos venenosos.
¿Y vosotros? ¿Qué libros os llevaréis a la isla cuando os inviten? Por lo pronto, estáis todos invitados a seguir la cadena del ¿tag?


lunes, 17 de julio de 2017

"No llorar" Lydie Salvayre

"No llorar" es una novela escrita en "frañol, un híbrido de francés y español del que la escritora se sirve para reproducir el habla de su madre, protagonista de la novela" (Alex Vicente. El País. Cultura)
Con "No llorar" Lydie Salvaire ganó el Premio Goncourt en 2014. 
Lydie Salvayre es hija de refugiados españoles que huyeron a Francia después de la Guerra Civil. Y sobre la Guerra Civil trata este libro, o más bien sobre dos episodios enmarcados en la Guerra Civil. Ambos empiezan con gran ilusión, con nobles ideas para construir un mundo mejor, más amable, más vivible para todos;  ambos acaban en la más terrible decepción, el desengaño más profundo que se puede sufrir porque es el desengaño de las propias ideas, el ver cómo lo que creíamos justo se nos cae de las manos y se nos deshace en charcos de sangre, resentimiento, odio, e incomprensión.
Dos historias se enredan en esta novela, aunque una de ellas tenga más extensión y ocupe más espacio en la pluma de la autora y en la percepción del lector. Esta, la más extensa, trata de los episodios contados a Sylvie por su madre, Montse, "Estamos en España en 1936. La guerra civil está a punto de estallar, y mi madre es una pobre mala. Una pobre mala es una pobre que abre la boca. Mi madre, el 18 de julio de 1936, abre la boca por primera vez en su vida. Tiene quince años. Vive en un pueblo perdido de la Cataluña alta, donde, desde hace siglos, los grandes terratenientes mantienen a familias como la suya en la más extrema pobreza".
Y la madre abre la boca porque se siente insultada, porque cuando va a casa de los señores para ofrecerse como criada, el señor la mira y comenta que parece muy modesta y eso saca de su interior una rabia que no sabía que tenía allí acumulada, una rabia que se ha ido incubando o incrementando cuando volvió su hermano Josep hablando de un mundo nuevo, y es que, cuando Josep llegó a Lérida en mayo, ese año como todos, para la cosecha de la almendra, encontró algo distinto, una alegría que estallaba en las calles y en las tabernas al conjuro de nuevas palabras como fraternidad, libertad, solidaridad, revolución, comunidad... anarquismo, muera la muerte y viva la libertad. Su hermano no es rojo, es rojo y negro.
Casi ochenta años después, Montse, una anciana de noventa, le contará a su hija Lydie lo acontecido en aquel verano del 36, cuando la revolución fue algo más que una esperanza y mucho menos que una promesa cumplida.
En el pueblo, Josep se enciende de revolución y contagia a todo el mundo su fiebre de libertad en un discurso que pronuncia el 23 de julio. "Al día siguiente, todo el pueblo está en efervescencia. [...] Transcurridos dos días, el entusiasmo se mitiga lentamente. [...] Tres días después, totalmente serenos y rabiosos por haberse dejado llevar por el entusiasmo, los campesinos dejan traslucir sus dudas y sus crecientes inquietudes. [...] Cuatro días después, las reticencias medio formuladas se expresan a voz en cuello. El quinto, todos o casi todos han renunciado". Cinco días escasos han servido para que el pueblo pase de la pasión revolucionaria a la suspicacia y la desconfianza porque es un pueblo donde nada cambia, nada ha cambiado en siglos y nada debe cambiar ahora. Los ricos son ricos y deciden el futuro de los pobres que para eso son pobres y siempre lo serán. Desde que naces, según la familia en que naces, se decide tu destino hasta tu muerte.
Josep decepcionado y traicionado, decide irse a Barcelona para unirse a la columna Durruti y reconquistar Zaragoza y allí lo acompaña Montse. Pasarán unas semanas de verdadera catarsis en las que Josep se irá dando cuenta de muchas cosas. En los días de descanso que se permite antes de alistarse, verá la atrocidad y el despropósito de una guerra que es imposible ganar porque los que la dirigen carecen de experiencia, de armas y de formación militar suficiente (de la más mínima formación militar, en la mayoría de los casos). "Siente que le invade lentamente un malestar. No puede evitar oír, tras los discursos que corren, las prédicas de la propaganda revolucionaria que cubre las paredes de la ciudad y que no tiene nada que envidiar a la catequesis de don Miquel, el cura de su infancia", Las frases altisonantes que él mismo pronunciara hace unos días empiezan a sonarle a catecismo, a palabras mendaces improvisadas para engañar a adolescentes ilusos. Su destino lo sellará la conversación escuchada una noche en la terraza de un café donde dos hombres ahítos de aguardiente celebran entre grandes risotadas los dos sacerdotes que han asesinado esa tarde en que "pensaban que iban a volver de vacío". A Josep se le terminan de caer las pocas ilusiones que le quedaban y decide volver al pueblo.
Lydie Salvayre
Montse resistirá más. Se divertirá como nunca lo había hecho, vivirá la revolución de forma más despreocupada que su hermano, se enamorará una noche y perderá a su amor al día siguiente. Finalmente, también terminará por regresar a la casa paterna y al pueblo. Allí estabilizará su vida como menos hubiera podido imaginarse. Y se sentirá "culpable de estar demasiado cansada y ser demasiado mayor, pensaba, para querer a otro hombre por amor, cuando acababa apenas de cumplir dieciséis años".
En el pueblo asistirán ambos hermanos a las Jornadas de Mayo (de 1937) que supusieron el fin de los sueños revolucionarios cuando los movimientos anarquistas sean barridos por la disciplina sin fisuras y el discurso práctico y perfectamente estructurado de los comunistas. Sin olvidar las acusaciones de traición y connivencia con Hitler y con los nacionales que, de forma injusta y estúpidamente inverosímil, cayeron sobre ellos.
La otra trama argumental que se va entreverando con la anterior se refiere al escritor francés Georges Bernanos y a los hechos que supusieron la génesis de su ensayo "Los grandes cementerios bajo la luna". Bernanos vive en Palma de Mallorca cuando comienza la guerra. Su hijo Yves, con el beneplácito de su padre, viste el uniforme azul de la Falange y se dispone a luchar en la toma de Madrid que se prevé inminente. Él mismo convierte su casa en la Oficina de Prensa de los falangistas en la ciudad mallorquina. Es un hombre conservador, cristiano; un hombre que "tiene las ideas que todo el mundo conoce". Unas ideas que se vendrán abajo cuando asista espeluznado a los crímenes sin justificación, los "paseos" de madrugada, las ejecuciones sin juicio por el hecho de detentar ideas sospechosas... y todo ello legitimado por los representantes de la iglesia que, con el crucifijo en la mano, absuelven los pecados posibles de los ajusticiados y los crímenes seguros de los verdugos. 
También las nobles ideas de Bernanos, como las de Josep en el otro bando, serán traicionadas y él se verá en la situación de denunciarlo aun sabiendo que se pone en contra a muchos intelectuales franceses que han defendido en la prensa las ideas de los nacionalistas españoles. Pero "Bernanos no puede cerrar los ojos ante la evidencia. Y la simpatía que le inspiraba la antigua Falange [...], esa antigua Falange que profesaba en la anteguerra el mismo desprecio hacia el ejército traidor al rey que hacia el clero «dado a componendas y prevaricaciones» y en el que su hijo Yves depositó entusiasmado su simpatía, no puede sustraerse a esa realidad: la depuración emprendida por los nacionales con la inmunda bendición del clero es ciega, sistemática, y comulga con el Terror". Y Bernanos lo contará y se le acusará de connivencia con los comunistas porque los sectarismos de uno y otro lado no entienden ni de matices, ni de reflexiones personales e independientes, ni de conciencias libres. Si no estás conmigo estás contra mí y con mis enemigos. Y se le acusará de catastrofista por parte de esos optimistas que, para no tener que reparar en los sufrimientos, que muchas veces provocan o les son indiferentes, prefieren ver el mundo color de rosa. Aunque tres años después tengan que darle la razón (¿o ni siquiera entonces, camuflados en Vichy, se la darán?). 
Lydie ha contado con testimonios muy valiosos para escribir su novela. Por una parte el relato de su madre que ha vivido setenta años en un pueblo del Languedoc, setenta años que no existen porque han sido borrados por el peso de los recuerdos anteriores. "No persiste en su memoria más que aquel verano del 36, en que la vida y el amor la atornillaron, aquel verano en el que tuvo la sensación de vivir plenamente y acorde con el mundo, aquel verano de juventud total". Por otra, "Los grandes cementerios bajo la luna", el libro en el que Bernanos denunció la impostura, y que Lydie lee paralelamente al relato de su madre. El libro que se fue forjando en las crónicas publicadas con regularidad en la revista católica francesa Sept, dirigida por dominicos (también en la Iglesia hay clases y también los dominicos fueron acusados de cooperar con los comunistas).
Con esos testimonios privilegiados, Lydie escribe una novela original en la forma, aportando a lo escrito sobre la Guerra Civil, esa parte menos trabajada que trata de la desilusión a que son sometidas las ideas cuando se enfrentan con su materialización en la realidad. 
El despertar de los sueños o, lo que es peor, permanecer dormida y anclada en ellos mientras se van transformando en pesadillas es lo que podemos encontrar en estas páginas. "El verano radiante de mi madre, el año lúgubre de Bernanos, cuyo recuerdo quedó hincado en su memoria como una navaja que le abría los ojos: dos escenas de una misma historia, dos experiencias, dos visiones que desde hace unos meses han penetrado en mis noches y mis días, donde, lentamente, reposan como una infusión".


viernes, 14 de julio de 2017

"El caso de la mano perdida" Fernando Roye

"Aquella mañana de octubre de 1952, tras cuatro días de servicio, los guardias civiles Ambrosio del Val y Ortega Brito regresaron con un asombroso hallazgo a su cuartel de Santa Honorata, situado entre la segunda y la tercera falla al norte de Sierra Morena". Así comienza "El caso de la mano perdida", la primera entrega de la serie del sargento de la Guardia Civil Carmelo Domínguez.
Asombroso hallazgo desde luego, porque lo que Ambrosio y Ortega han encontrado es exactamente una mano. Una mano seccionada a la perfección de un solo tajo. Ahora solo queda encontrar el resto del cuerpo o un manco reciente. Es decir, el resto del cuerpo vivo o muerto.
El año 1952 en un pueblo de la tercera falla al norte de Sierra Morena, se me antoja lo menos parecido a un lugar y un momento serenos y apacibles. Paradisíaco, sí, pero un paraíso del que sus habitantes han sido expulsados sin tener que abandonarlo. No todos, claro. Hay un conde y un alcalde que viven las mieles de la reciente Victoria. Habrá, no salen pero siempre había, señoritos falangistas vestidos de azul añil amedrentando al personal y disfrutando con ello.
El resto vive, malvive o sobrevive como puede: con la caza furtiva, con la generosidad de algún vecino más desahogado o con los malabarismos domésticos en los que tantas amas de casa de la época se hicieron especialistas.
Carmelo tiene seis hijos que no comen lo suficiente. El médico les ha dicho que tienen que comer carne, pero allí, la carne solo se huele y eso gracias al sustanciero que pasa de vez en cuando. "Manuela y el sustanciero se saludaron. Luego ella le pidió diez minutos de hueso y él sumergió el jamón en la olla, esperando que pasara el tiempo mientras consultaba el reloj". Y es que, diez minutos después, el hueso tendría que ser sometido en otra olla por otros diez minutos y algunos céntimos. La quintaesencia de la miseria.
Ortega Brito y su mujer, Elena, sin embargo, tienen la caza furtiva y como no tienen hijos, tras las insinuaciones de Carmelo, que no deja de ser el jefe, empiezan a compartir con ellos los restos que antes tiraban a los gatos.
Benito y Celia no necesitarán presiones por parte del jefe. Ellos lo harán por pura generosidad y porque la amistad en un reducto tan cerrado como la casa cuartel es un don escaso y preciado que bien vale un poco de longaniza para las lentejas.
Carmelo es un hombre peculiar. Con un ojo negro y otro azul, tiene una mirada que, según interpretaciones, puede pertenecer al diablo. Con ella puede ver cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales. Aunque, tal vez, lo que las mantiene ocultas es la ignorancia de gran parte del resto de los mortales. 
Carmelo tiene una mente deductiva y una inteligencia poco común para la época. Además se fija en señales en las que nadie más repara y que nadie más entiende. Es por eso por lo que, después de ver la mano, supo, por el escalofrío que recorrió su cuerpo, que aquella misma noche alguien había sido asesinado. Y también es por eso por lo que adivinó, mirando un gato en el patio, que una visita importante estaba a punto de llegar al cuartel. "Cuando un gato se lame la cara es porque pronto vendrá una visita. Y hay uno que lo está haciendo en la calle, frente a la puerta del cuartel; como lleva tanto tiempo en el mismo sitio, me he figurado que quien venga tiene que ser toda una personalidad".  Y quien vino no fue otro que el conde de Valdeazores que tuvo que ser recibido por Benito Viedma, un tanto contrariado al ver que la señal gatuna interpretada por su jefe, se había cumplido tal como él había predicho. Y el conde viene a anunciar que el Caudillo de España por la Gracia de Dios va a venir al pueblo invitado a una cacería organizada por el propio conde. Y lo que solicita es que sea el cuartel de la Guardia Civil quien se encargue de la seguridad.
Benito es el ilustrado del puesto. Aficionado a las novelas policíacas que le envía su madre una vez al mes (su sueldo no da para tales dislates), es el único agente que lee. Como además es un recién llegado, es el raro del lugar. Proviene de una familia acomodada, "cristianos viejos y falangistas de pura cepa", lo mismo que la de Celia, su mujer. Pero él no cree en las consignas de Sánchez Mazas, en uno de cuyos mítines se conoció la pareja. Él cree que "la culpa de todos los males no la tienen los judíos, ni los socialistas, ni los comunistas, ni los masones, ni los anarquistas, ni aún menos los campesinos y obreros. La culpa de todo la tiene la ignorancia. Ese es el mal de este país". El mal de siempre; el mal de todos los males. La mala ignorancia que hace a los hombres malos y que, más de setenta años después, sigue muy lejos de solucionarse. En este país y en el resto de la vieja Europa.
Fue su afición a la literatura policíaca (Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon) lo que hizo a Benito ingresar en la Guardia Civil, decepcionando todas las expectativas de su mujer y de sus suegros. Sus padres, como era el último hijo, no habían creado demasiadas ilusiones respecto a él.
En la novela hay dos lineas argumentales que se entremezclan. Por una parte, las investigaciones que Carmelo lleva a cabo para descubrir el cadáver - que él está seguro de que existe - del dueño de la mano. Por otra, la visita de Franco cuya seguridad debería estar preparando el sargento en lugar de correr tras muertos improbables. Pero a Carmelo la visita del Caudillo de España por la Gracia de Dios no es algo que le impresione. Ni siquiera le parece importante, al menos no tanto como sus investigaciones que pronto se enredan con otro asesinato ocurrido años antes.
Creo que la novela es un homenaje a los autores clásicos citados, sobre todo a Connan Doyle. Carmelo, a pesar de que parece creer en hechizos y supersticiones, es sagaz, intuitivo y analítico como Sherlock Holmes, aunque más indolente (o no?). Benito le da la réplica como un Watson, más leído e ilustrado, pero, al igual que el doctor, mucho menos perspicaz y menos proclive a analizar las pistas que se va encontrando. Ni siquiera, a veces, sabe reconocer esas pistas. Es más pragmático, menos imaginativo y dispuesto a dejarse llevar por los indicios.
Fernando Roye
Estamos ante una novela en la que lo importante, no es tanto la resolución del asesinato, como los caminos por los que se transita a lo largo de sus páginas. Sus personajes, su ambientación, sus reflexiones, los acontecimientos que se van sucediendo; todo ello nos envuelve y nos arrastra y hace que la identidad del asesino no capte toda la atención y las expectativas del lector. 
Es además una novela con un fino sentido del humor, un agrio sentido del humor, pero que a algunos, nos reconcilia con algún fantasma y alguna frustración del pasado por medio de una pequeña venganza que nadie pudo nunca materializar. Tendrá que leer la novela quien quiera saber a qué me refiero y andar listo como Carmelo para poder identificarlo.
Esta es la primera novela de la serie (sí ya dije que es una serie. Ya sé que muchos huis de ellas, pero yo, desde luego, me leeré el resto) protagonizada por Carmelo Domínguez. Hay ya una segunda entrega "El alcornoque de los muertos".
Fernando Roye es un autor al que yo desconocía. He sabido de él, gracias a la Editorial "Sinerrata" que me hizo llegar "El caso de la mano perdida", un regalo por el que estoy muy agradecida. Era, además, un regalo sin compromiso. Si no me hubiera gustado, no lo hubiera traído al blog. Pero me gustó y mucho. 
Fernando Roye tiene además otras dos novelas: "Tres ancianos sin ruta" y "I love F-150". Además participa como coautor en un ensayo publicado este mismo año: "El género negro. La globalización del crimen", título sugerente donde los haya para los que amamos el género.
Si más información acerca de la novela, aquí os dejo su enlace en la editorial. Y si queréis leer alguna reseña más de la novela, en Revista MoonMagazine tenéis otra escrita por Marisa Arias



martes, 11 de julio de 2017

Dos nouvelles y un relato


Recientemente he leído dos libros tan cortitos que he decidido hacer la reseña en la misma entrada.
Se trata de dos libros que nada tienen que ver entre sí, salvo su relación, indirecta en ambos, con la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de "Paradero desconocido", de Kressmann Taylor, y "Un amor que destruye ciudades", de Eileen Chang.

**************

"Paradero desconocido" de Kressmann Taylor.
Supe de esta novela a raíz de publicar mi reseña sobre "Reencuentro" de Fred Uhlman. Alguien las comparó y como la novela de Uhlman me entusiasmó desde la primera vez que cayó en mis manos, por cierto por indicación de mi hijo, rápidamente me hice con esta.
Acierto total, porque "Paradero desconocido" es otra joya literaria condensada en pocas páginas: 44 en mi ebook, 88 en la edición en papel (según La Casa del Libro).
Es 1932. Martin Schulse, alemán, y Max Eisenstein,  judío norteamericano, son amigos y socios en una galería de arte en California. Schulse, además es pintor. Su amistad está por encima de toda duda: son, más que amigos, como hermanos. Martin decide regresar a Alemania con su familia y Max quedará en California a cargo de la Galería.
"Querido Martin:
¡De vuelta en Alemania! ¡Cómo te envidio! Aunque no la he visto desde que era un niño de escuela, escribir Unter den Linden todavía me conmueve... La amplitud de horizontes de la libertad intelectual, las discusiones, la música, el desenfado de la camaradería".
Así comienza la novela que, a base de cartas entre los dos amigos, nos irá mostrando los cambios que se van produciendo en Alemania en esos meses críticos, entre finales de 1932 y principios de 1934, que vieron subir a Hitler al poder y a Alemania caer en manos de la intolerancia, el racismo y el horror para muchos de sus ciudadanos.
Con el paso del tiempo, Max irá manifestando su preocupación por las noticias que llegan y que van transformando Alemania, de una tierra "democrática, [...] profundamente culta, donde la preciosa libertad política está en sus comienzos", en un lugar hostil en el que se pueden ver episodios violentos contra algunas personas, "gente apaleada, gente forzada a tragar con los dientes apretados un litro de aceite de ricino y a sufrir con las tripas retorcidas horas mortales de lenta agonía".
A la vez que cambia el país, también veremos como cambia Martin. Su carácter liberal, que tanto admiraba Max, se ira tornando en entusiasmo hacia el führer y hacia el orgullo recobrado por Alemania tras las humillaciones derivadas del Pacto de Versalles con que se dio fin, tal vez de manera poco acertada, a la Gran Guerra.
La novela, las cartas intercambiadas entre los dos amigos, va subiendo de tono y, finalmente, se cierra de una forma audaz, sorprendente y haciendo justicia. Una justicia muy poética a la vez que muy real.
Procuro leer mucho sobre la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades del Holocausto, la Guerra Civil y la represión posterior... Procuro leer acerca de esos episodios históricos de estúpida e injustificable crueldad por parte del ser humano, de difícil encaje en mi inteligencia y en lo que debería ser, aunque sea todo lo contrario, la lógica de la historia. Intento entender, aunque sé que es imposible. Hay cosas que nunca llegarán a ser inteligibles, pero, al menos, intento intuirlas; que las dudas y el estupor vayan siendo menores cada vez. Este pequeño libro, esta nouvelle, me ha dado más pistas que muchos voluminosos tratados de historia. 
"Paradero desconocido" fue publicado en 1938 por la escritora estadounidense, Katherine Kressmann Taylor quien utilizó el seudónimo de Kressmann Taylor. Parece ser que el editor de la revista en la que se publicó originalmente pensó que era una historia demasiado dura para ser firmada por una mujer (yo opino que pensó que era una historia demasiado buena para que resultara patente que la había escrito una mujer). Semejante papanatismo se solucionó suprimiendo el nombre de pila de la autora.
Un libro más que recomendable que se lee en una tarde y se recuerda durante mucho tiempo.

**************

"Un amor que destruye ciudades" de Eileen Chang.
En mi volumen se recogen la nouvelle que da título al libro, de poco más de ochenta páginas, y un relato, "Bloqueados", de diez páginas.
"Un amor que destruye ciudades" narra la relación entre una joven divorciada, cuyo ex marido acaba de morir, y el que en principio era el elegido para contraer matrimonio con su hermana pequeña. Tras su divorcio, Liusu ha vuelto a la casa familiar donde vive con su madre, con el Tercer y el Cuarto Hermano, la Tercera y la Cuarta Cuñada y con las señoritas Séptima y Octava, sus hermanas pequeñas. Ella es la Sexta Hermana o la Sexta Cuñada, según quien hable.
Estamos en Shangai en 1940 o 1941 y Liusu tiene una situación inestable en casa de sus hermanos que le reprochan el haberla acogido y mantenido después de divorciarse, aun cuando hay un asunto acerca de un dinero de la chica que se ha esfumado no se sabe muy bien cómo (o no lo sé yo que en cuestiones económicas siempre me pierdo). Ahora pretenden convencerla de que vuelva como viuda a la casa de su ex marido "con la cabeza bien alta, a llevar luto y ocuparte del funeral [...] aunque no le diste hijos, tiene sobrinos a patadas, puedes elegir el que más te guste y adoptarlo para continuar el linaje". Pero eso es algo que está muy lejos de las intenciones de Liusu y más cuando conoce a Fan Liuyuan, destinado en principio a la Séptima Hermana, pero que enseguida muestra su preferencia por ella.
Estamos en una China tradicional, en una familia tradicional, aunque algunas cosas son iguales en todas partes en cualquier época. Ella siente que para ganarse el respeto de las demás mujeres debe obtener el amor de los hombres y, aunque no se ha planteado de forma consciente lanzarse a la conquista de Liuyuan, se verá arrastrada hacia él con ayuda de unos amigos que la invitan a Hong Kong donde, sin ella saberlo, aunque en el fondo lo supone, el joven la espera. 
A partir de ese momento, asistiremos a las reflexiones de la joven, sus dudas y suspicacias, sus esperanzas y sus temores. "Resultaba evidente que la deseaba, pero no quería casarse con ella [...] tanto él como los Bai gozaban de cierta reputación, y él no podría permitirse quedar como un seductor [...]Había cuidado todos los detalles para eludir cualquier responsabilidad. De este modo, si la abandonaba más adelante, ella no podría reprocharle nada". Así reflexiona Liusu extrañada ante la actitud respetuosa del joven que, piensa, pretende que sea ella la que se lance a sus brazos.
Entre reflexiones, indecisiones y dudas, el amor o la compañía irán madurando a la vez que Hong Kong cae en manos de los japoneses tras los bombardeos del 8 de Diciembre de 1941.
"Bloqueados" es la historia de un encuentro, en un tranvía bloqueado por esas cosas de la Guerra, una atardecer en Shangai. Allí coinciden dos personas que nunca se habrían encontrado de no ser por esa circunstancia puntual. "Lu Zongzhen, contable del banco Huamao", es un hombre que vuelve a casa con los bollos al vapor rellenos de espinacas que su mujer la ha encargado para la cena. "Wu Cuiyuan, que tenía aspecto de joven señora cristiana, solo que todavía no estaba casada" es una joven profesora de inglés en la universidad que va tranquilamente corrigiendo redacciones. 
El bloqueo del tranvía los unirá y, durante unos minutos, una hora tal vez, vivirán una intensa, sí aunque no parezca posible, una intensa historia de amor.
Eileen Chang
Se ha comparado a Eileen Chang con Jane Austen. Se la ha llamado la Jane Austen china. Sí que la recuerda. Sus análisis de las relaciones de pareja, su crítica a las tradiciones y a una sociedad encorsetada por las costumbres, no pueden dejar de traernos a la mente a la gran autora que diseccionó y criticó con fina ironía y brillantes reflexiones la situación de las mujeres frente al matrimonio,  la familia y la sociedad en general.
Estas dos narraciones fueron escritas por Eileen Chang en 1943. En 1955, la autora emigró a Estados Unidos huyendo de los comunistas. Jamás volvería a China. Murió en 1995. Esta es su única obra traducida al castellano y ha sido un descubrimiento muy interesante que recomiendo.


sábado, 8 de julio de 2017

"Yo te quise más" Tom Spanbauer

"Hombre casado, profesor de instituto, propietario de una casa en North End, Boise. Llega 1978 y todo cambia. Mi aventura con Bette, quizá sea bisexual; una loca del baile, seguro. Luego, unos años después, soy abiertamente homosexual. En la actualidad, residente del Lower East Side de Manhattan, licenciado por la Universidad de Columbia y autor publicado". Así se describe Ben Grunewald en esta historia en la que nos va contando su vida sin ahorrarnos ninguno de los episodios por los que ha ido pasando. Tiernos, felices, dramáticos, angustiosos, deprimentes... No se nos ahorran ni alegrías ni tristezas en la vida de Ben, una vida en la que me he sumergido sin oxígeno, a pleno pulmón, entregada a lo que me quisiera contar y a cómo me lo quisiera contar.
En este año de descubrir autores y títulos, esta ha sido la última gran sorpresa. No sé hasta donde llega el carácter autobiográfico de la obra. Sé que hay puntos en común entre Sapanbauer y Grunewald: lugar de nacimiento, religión, estudios, trabajo; pero no sé si, más allá de estos detalles puntuales, las peripecias vitales del autor
coinciden o no con las del personaje. No sé si es homosexual, no sé si tiene SIDA. Tampoco me importa. Tal vez un poco de curiosidad que no va más allá y pronto deja de preocuparme. Sea como sea, estoy ante una novela que me ha entusiasmado, emocionado, cabreado, fascinado, enternecido y sobrecogido. 
Ya sabéis que soy una entusiasta. Cuando algo me gusta, me gusta. En mis reseñas (si es que así se les puede llamar) solo pretendo transmitir lo que la novela ha supuesto para mí, cómo ha afectado a mis emociones y sensibilidad. Puede que de esa manera, muestre más de mí misma de lo que deseo o de lo que pretendo, pero he descubierto que es la única manera en que puedo llevar adelante este blog. Los que me vais conociendo, ya sabéis hasta qué punto mis gustos se pueden adaptar a los vuestros.
Pero volvamos a la novela. Los hechos nos son contados por Ben. No sabemos muy bien en qué época, pero lo último que relata es de junio de 2008.  "Todo esto que estoy rememorando no es lo que pasó de verdad, sino lo que yo recuerdo. Es solo ahora, transcurridos los años, después de tanta muerte, tras años y años repasándolo una y otra vez, cuando un sexagenario puede contemplar la misma situación que contempló el cuarentón y ver algo completamente distinto".
Tres son los personajes principales y no desvelo nada si hablo de ellos y su relación porque el propio Ben nos lo cuenta nada más empezar su historia. "Si tres no encuentran a un cuarto, tres se vuelven dos". Eso les pasa a Ben, Ruth y Hank. Las pocas veces que son tres suceden cosas, y como nunca aparece el cuarto, acaban siendo dos. Empiezan por ser Ben y Hank. Un gay declarado enamorado de un chico heterosexual. Dos alumnos de un curso de tres semanas en la Universidad de Columbia. 1985. Hank tiene veintisiete años, Ben, treinta y siete. Se hacen amigos, comparten trabajo de profesores en la Asociación Cristiana de Jóvenes, YMCA (Young Men's Christian Association), hamburguesas a la salida, noches de juerga por los garitos de alterne del Lower East Side, reflexiones ante la placa con el poema de W.H. Auden, en el 77 de Saint Mark’s Place; un poema ante el que se pararán varias veces a lo largo de la novela, pero que solo al final nos será revelado. "Normal que me enamorase de Hank. Seducir al heterosexual lacónico. No necesariamente para tirárselo, sino para sacarlo a la luz. Y no en el sentido de sacarlo del armario, sino de exponer su funcionamiento interno"Unos meses de profunda amistad y luego, reencuentros intermitentes separados por años de ausencia, años de conversaciones telefónicas o de silencio absoluto. Hasta el final.
Después son Ben y Ruth, cuando Ben, solo, enfermo y vulnerable, no hubiera podido sobrevivir sin ella. Hank se ha ido a Florida y Ben está en Portland, Oregón, donde da clases de Escritura Creativa. Ruth es una de sus alumnas. Ella le entregará todo su amor y lo sacará adelante a base de cuidados físicos y mentales. Él la quiere, pero nunca sabrá ni podrá entregarse como ella pretende. "Si ayudas a alguien como Ruth me ayudó a mí pagas un precio. Una ayuda tan a vida o muerte. Los dos pagáis un precio. [...] Por fin, finalmente comprende que no la corresponderás como ella quisiera y, por muy honesta y generosa que sea, por mucho que te haya prometido amarte pase lo que pase, la indignación que siente está justificada y es abrumadora".
Finalmente, quedan Ruth y Hank, juntos y casados, y, en el otro extremo del país. Ben, solo. Ben enfrentándose a las muertes de todos sus amigos en unos años en que el SIDA no perdonaba. Le perdonó a él (al menos hasta donde sabemos) y le condenó con ese perdón a sufrir las condenas de sus amigos. Incluso Hank, aunque no de SIDA, terminó por anunciar su desaparición de manera sorpresiva, cuando Ben se encontró a Dab que "conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a Ruth. [...] Apoya una mano en mi hombro.
—Ayer —dice Dab—, Hank Christian murió de cáncer de hígado"
Ya os digo, nada que Ben no nos hubiera adelantado en las primeras páginas de su narración.
Una historia de tres personas que se han amado. De dos en dos y de manera desigual porque uno de los temas fundamentales de esta novela es la desigualdad en el amor. Nunca se ama de la misma forma. Dos se quieren, pero siempre hay uno que ama más que otro o de manera más genuina. Ben amaba más a Hank. Ruth amaba más a Ben. Ruth amaba más a Hank. 
"Yo te quise más" es el título que ilustra la desigualdad en el amor. Esa desigualdad escondida en el misterioso poema de Auden.
Tom Spanbauer
Un par de veces he hablado de que no desvelo nada que no haya contado Ben en las primeras páginas, pero daría lo mismo. Esta no es una novela de la que debamos ocultar la trama para no destripar el final, o el medio, y hacerla con ello menos interesante. El interés de la novela (para quien le resulte interesante; no es una verdad objetiva, por supuesto) es rotundo e incuestionable. No radica en los hechos, sino en como se cuentan, porque "Yo te quise más" es una novela que se circunscribe en lo que ha dado en llamarse "Escritura peligrosa". Tom Spanbauer imparte un curso así llamado en su taller de escritura en Portland, Oregón. A ese taller asistió Chuck Palahniuk, el célebre autor de "El club de la lucha". De hecho, Sapanbauer ha cobrado más fama por haber sido su profesor de escritura que por sus propias novelas. Yo no he leído a Palahniuk, aunque sí he visto la película basada en su novela que, sin entusiasmarme (tampoco es mi género favorito), me parece muy original. Sí he leído esta última novela de su maestro y creo que Spanbauer merece fama y prestigio, en enormes cantidades, por méritos propios. 
Se ha llamado Escritura Peligrosa a aquella que trata temas incómodos y lo hace de una forma cruda y sin paliativos, con un lenguaje sincero que puede llegar a causar vergüenza, incomodidad, temor. Son historias escritas en primera persona, en las que el narrador disecciona su propia vida e indaga en su pasado, en su interior, en sus ancestros; sin piedad para consigo mismo ni, mucho menos, para el lector. "¿El sida me ha afectado a las glándulas suprarrenales? ¿Qué es la demencia por sida y cómo sabes que la tienes? ¿Es mi glándula pituitaria, la Iglesia católica o mi madre o mi padre o mi hermana o el matón del colegio, lo que sea que se ha forzado al máximo?"
No hay lugar para la intriga, no hay trama que ocultar. Desde el principio, se nos ofrece la lista de afrentas que la muerte y la enfermedad le tenían reservada a Ben. Poco queda por descubrir en el contenido; mucho, en la forma.
No me resisto a transcribir este pasaje.
"Después de aquella noche ninguno de nosotros volvió a ser el mismo.
La primera vez que la muerte nos rozó y dejó huella.
La muerte, tan dramática cuando se presenta por primera vez en la juventud.
Durante años fue un charco de sudor en la cama, entre los hombros por la noche.
Joder, hoy la muerte es un par de zapatos viejos junto a la puerta.
Olga, la doble mastectomía.
Yo, la resaca a la mañana siguiente que duró una semana, la seroconversión al sida.
Hank, los tumores que empezaron en la polla, que pasaron a la parte posterior del ojo y luego se instalaron en el hígado. Delicados. Somos muy delicados. Morimos muy fácilmente".
No se nos escatiman enfermedades, dolores, miserias o secreciones de ningún tipo. Tampoco optimismo y ganas de vivir. Tampoco motivos para el éxtasis literario; para la emoción hecha sintaxis; para las ganas insuperables, adictivas, enfermizas casi, de seguir leyendo una página más, un capítulo más. 
Termino con otra cita. Son tantas que tengo que reprimirme. Me ha pasado tantas veces que ya sabéis a qué me refiero.
"Cuando las cosas van mal, cuando las cosas van bien, cuando te ha llovido mierda, cuando estás en la gloria, cuando estás jodido, cuando hace demasiado calor, cuando se te congela el culo, cuando eres viejo y estás enfermo y te duelen los pulmones, cuando se te acelera el corazón, cuando tus oídos suenan como una alarma antiincendios, cuando sudas como un cerdo, cuando te duelen las rodillas, simplemente camina. Sigue caminando".

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...